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martes, 21 de octubre de 2014

VIDAS PARALELAS EVO MORALES Y PABLO IGLESIAS (I)



Los nueve años que lleva como jefe del gobierno de Bolivia Evo Morales proporcionan enseñanzas, e incluso advertencias, de cuál va a ser, más allá de la demagogia, el electoralismo y las patrañas politiqueras, la ejecutoria de Pablo Iglesias y su formación mediático-institucional, Podemos, ya un partido político más.
        
También es útil estudiar esta cuestión para evitar que muchos de quienes hoy apoyan a Podemos dentro de unos años se presenten en público, compungidos y lacrimosos, diciendo, “¡Me engañaron!, ¡Nos engañaron!”, como ahora hacen una parte de los que respaldaron a Morales y su partido, presentados antaño como emancipadores de los pueblos indígenas de Bolivia y agentes de una “revolución institucional” de fabulosas consecuencias...

Nadie es engañado si previamente no se autoengaña y no demanda ser engañado.

Aquéllos que hoy se suman al montaje Podemos están contrayendo una responsabilidad colosal, que se les ha de exigir ahora y en el futuro, pues hay que poner límites a la frivolidad y el victimismo, al epicureísmo político y la fobia a la verdad.

Hace años, cuando Morales era un sindicalista poco conocido que hacia carrera política a base de reformismo socialdemócrata, racismo antiblanco, etnicismo de guardarropía y verborrea izquierdista, una minoría muy reducida pronosticamos que tras su proyecto y programa se escondía un plan de las elites del poder en Bolivia para engrandecer el capitalismo, destruir la naturaleza, fortalecer al Estado (en particular al ejército), sobredominar a las clases trabajadoras y desintegrar a las comunidades indígenas. No fuimos escuchados.

El buenismo y el autoodio, los sentimientos de culpa histórica y la interiorización masoquista del racismo antiblanco, impedían que personas y colectivos europeos bienintencionados se percatasen de que el proyecto de Morales era, en lo más principal, un calco del que había realizado el franquismo para liquidar al mundo rural tradicional popular aquí, esta vez dirigido contra las comunidades indígenas de Bolivia. 

Mi libro “Naturaleza, ruralidad y civilización” describe aquella operación, que en España realizó el fascismo de Franco y que en Bolivia está efectuando una formación política de izquierda supuestamente indigenista, que se dice “anticolonialista”, “antiimperialista” y “anticapitalista”…

Han pasado los años y los hechos muestran que Morales es un instrumento del capitalismo, el imperialismo y el Estado boliviano contra el mundo indígena, el medio ambiente y las clases modestas. Ahora ya son pocos los que desde posiciones “radicales” defienden a Morales y su partido, el MAS (Movimiento Al Socialismo). Hoy su línea es calificada de “neo-liberal”, Bolivia de “la China andina” y su política hacia los pueblos indígenas de “caricatura”.

La dura represión policial de las protestas campesinas e indígenas que su gobierno realiza en el verano y otoño de 2011, el enfermizo gusto por las infraestructuras faraónicas, la devastación medioambiental a colosal escala en la selva amazónica, el apoyo a la soja transgénica, su plan para introducir la energía nuclear y la generalización de Internet en las comunidades indígenas, para globalizarlas, aculturarlas y desintegrarlas como tales, han enfriado el entusiasmo de muchos.

Quien llegó perorando contra el capitalismo, Morales, es ahora más defensor del capitalismo y el mercado que nadie. Su meta es el desarrollo económico a cualquier precio. Se jacta de que Bolivia está creciendo al 5% anual y olvida los costes, sociales, culturales, ambientales, históricos, étnicos, éticos, espirituales, en lo referido a las libertades populares y a la calidad de la persona, etc., bienes y valores todos que son sacrificados al desarrollismo.

El economicismo de Morales ha hecho crecer los beneficios de las grandes empresas, así como los ingresos fiscales del Estado, con lo cual el poder del capitalismo privado y el capitalismo estatal, o estatocapitalismo, es hoy mayor que nunca en el país. Por eso, entre otras causas, el pueblo tiene menos libertad.

Para envilecer y mejor oprimir a las clases modestas Morales aplica una política de sobornos y corruptelas, en la forma de “ayudas” estatales, con los que ha logrado comprar a ciertos sectores populares, a las que enfrenta con otros, subordinando el pueblo a la instituciones y degradando a éste, desde comunidad que se autosostiene a populacho que depende monetariamente del ente estatal.

La transformación del pueblo en populacho, que es el meollo de las “políticas sociales” de izquierda, daña la capacidad de aquél para ser por sí mismo, para afirmarse, resistir y combatir. Le hace sumiso y dócil, transformando a la persona en un asistido y en un dependiente, en una criatura propiedad del Estado, en un ser nada. Morales utiliza los tres elementos constitutivos del despotismo que recomienda Maquiavelo, la mentira, la violencia y el soborno.

El desarrollismo de Morales es de tal magnitud que en las últimas elecciones la clase patronal boliviana le ha preferido al otro candidato en pugna, el empresario Samuel Doria, subsidiando ya de manera abierta su campaña, y hasta el FMI se ha felicitado en 2014 por el actuar de la izquierda gubernamental en Bolivia, mientras que el BM respaldó a Morales en 2012 por el trato que daba a las multinacionales.

Esto significa que es más capitalista que los propios capitalistas, hasta el punto de que se le califica en la prensa boliviana de “benefactor con los empresarios”. Todo indica que la izquierda es la mejor expresión de la derecha, hoy la opción favorita del gran capital, que la está utilizando en numerosos países para expandir a la gran empresa y constituir unas clases trabajadoras desmovilizadas y pasivas. Lo está haciendo, además de en Bolivia, en Brasil[1], Chile, Ecuador, Venezuela, Cuba, etc. Y lo desea hacer en España, con Podemos.
(Continuará)



[1] Una parte de las peores agresiones medioambientales, saqueo de materias primas y ataques institucionales a los pueblos indígenas de Bolivia lo están realizando entidades y empresas brasileñas, unas estatales y otras privadas, dirigidas por los sucesivos gobiernos del Partido de los Trabajadores de Brasil, la formación izquierdista que lleva años desarrollando el capitalismo en ese país.

sábado, 11 de octubre de 2014

RENTA BÁSICA, ÉTICA Y REVOLUCIÓN INTEGRAL



La demanda de que todos “los ciudadanos” disfruten de un aporte económico estatal que resuelva sus necesidades materiales mínimas, asunto que es presentado como un derecho fundamental a exigir, necesita de un examen cuidadoso.
        
Un deber moral primordial es que cada persona viva del propio esfuerzo, de su trabajo, pues de otro modo se convierte en expoliador de los otros, en parásito, en explotador. Desde el punto de vista político quien subsiste a costa del Estado se hace criatura institucional, forzada por el vínculo de dependencia material que así se establece a defender el sistema de dominación en momentos de crisis social aguda.
        
En consecuencia, la renta básica universal da origen a un orden reaccionario porque ata a los mantenidos por el Estado a la defensa de las instituciones.
        
Parece fuera de duda que el proyecto de generalizar la renta básica es una medida dirigida contra la idea y programa de revolución integral.
        
También se encamina contra la integridad moral de la persona, que queda dañada cuando se vive de lo producido por otros, pues eso forja una necesidad objetiva, la de dominar al que se explota y oprimir a quien se expolia. Quien vive como un parásito se hace de facto un déspota político que, en momentos de crisis social será organizado por su mantenedor, el ente estatal, para reprimir violentamente a los trabajadores a quienes parasita.

Los mantenidos por la renta básica, la burguesía, los altos funcionarios del Estado, el par ejército-policías y la pedantocracia tienen en común que viven del trabajo ajeno y no del propio. Forman el bloque de la reacción.
        
La pretensión de aportar la suma monetaria para la renta básica cargando con fuertes impuestos los emolumentos de los altos directivos y las ganancias de la banca, aún si fuera factible de realizar, no resuelve el problema principal, a saber, que los bienes y servicios conseguidos con esos recursos monetarios no son producidos por quienes los reciben, los supuestos perceptores de la renta básica.
        
Todo lo que sea vivir parasitariamente es políticamente reaccionario y moralmente reprobable.
        
Es cierto que hoy la gran mayoría de las personas están forzadas a trabajar como asalariados, lo cual es una inmensa desgracia y un descomunal mal. Pero, con todo, es menos malo que subsistir a costa de otros, viviendo sobre todo de lo que producen los trabajadores y campesinos del Tercer Mundo a la vez que se lanzan  hipócritas soflamas contra “el racismo”.
        
Entre ser un explotado y ser un explotador hay que escoger por menos malo y menos degradante, lo primero. Porque la sociedad del futuro que resulte de la revolución social integral sólo puede ser un orden de trabajadores, cada cual viviendo de sí, sin que nadie arrebate a los otros el fruto de su esfuerzo, sin burguesía ni aparato estatal ni mantenidos por esta nueva versión de la sopa boba que antaño repartían los conventos a los pobres que es la renta básica.
        
La revolución integral propone: 1) la universalidad del trabajo productivo, realizado un mínimo de tiempo, 2) la abolición total y completa del trabajo asalariado, 3) la creación de una sociedad donde los seres humanos se magnifiquen, convivan y autoconstruyan también por el trabajo libre asociado.
        
Resulta esclarecedor que quienes desean hacer de todos nosotros unos parásitos, unos mantenidos y unos inútiles, nada digan contra el trabajo asalariado, que es el gran mal de nuestras sociedades. Para poner fin a esa forma de esclavitud hay que expropiar sin indemnización al gran capital, creando una sociedad colectivista autogestionada. Dicho de otro modo, hay que hacer una revolución anticapitalista.
        
En el ámbito de lo personal vivir sin trabajar degrada, envilece, debilita, entontece y encanalla a la persona, haciendo de ella un marginal, un lumpen. Esto es bien visible en quienes ya perciben esta o la otra forma no contributiva de “ayuda” estatal. Lo que se constituye con la renta básica son formas muy infaustas y lastimosos de seres nada, de personas que están dejando de serlo.
        
No sólo es inmoral subsistir de la caridad estatal sino que también lo es hacerlo de la “ayuda” proporcionada por la familia. Todas y todos han de vivir de sí mismos desde la mayoría de edad, ni de los padres/madres ni del Estado.
        
Ciertamente, hay circunstancias en que, dado el actual orden vigente, no queda más solución que aceptar alguna ayuda estatal para subsistir. El caso más obvio es el subsidio de paro. Es legítimo hacerlo con una condición, buscar activamente un modo de vivir de sí mismo (si se puede, no salarial, si no hay otra opción, salarial) y por sí mismo. Igual cabe señalar respecto a los que teniendo edad para trabajar subsisten de la familia.
        
Quienes no pueden trabajar, por enfermedad, edad, etc., han de ser auxiliados por la sociedad, por la vecindad, por la buena gente autoorganizada, no por las instituciones, no por el Estado. Hay que crear sólidos y omnipresentes vínculos sociales horizontales para ayudarnos los unos a los otros, cuyo fundamento ha de ser el amor mutuo, rechazando la dependencia jerárquica de las instituciones y las relaciones de dominación en todas sus formas.
        
En ese marco lo expuesto no es óbice para que a nivel privado se llegue a acuerdos en la familia o en otros ámbitos de relaciones sociales en que alguno de los integrantes de tales grupos eluda el trabajo asalariado para dedicar su tiempo a la actividad que se considere necesaria.
        
La lucha hoy ha de ser por lograr formas de vida y subsistencia que hagan de cada persona alguien que vive por sí, ni explotador ni explotado.

lunes, 6 de octubre de 2014

EL PODER SOLO ES TOTAL SI CONTROLA LA ORTODOXIA Y LA HETERODOXIA






La creación y actualización, o en su caso la captación e integración, de heterodoxias al servicio del orden constituido, es una de las más importantes operaciones políticas e ideológicas que realiza el sistema de dominación.
        
De ahí la división entre derecha e izquierda, con ésta encargada de evitar que las fuerzas de la revolución lleguen a desarrollarse. La instauración de una disidencia u oposición dirigida y subvencionada es una actividad de una importancia fundamental, en particular en los periodos en que hay grandes turbulencias sociales o el poder necesita efectuar cambios de categoría.
        
Las experiencias al respecto son numerosas.
        
Al aproximarse la I Guerra Mundial, iniciada en 1914, las potencias europeas se sirven de los partidos socialistas para movilizar a las masas con fines bélicos. En particular, el partido socialista alemán se hace social-patriota y empuja a millones a las trincheras, a matar y morir por el gran capital germano.
        
En la II Guerra Mundial las potencias aliadas convierten en “justa” una guerra tan imperialista como la anterior, gracias a la acción de los partidos comunistas, que renuncian a la acción revolucionaria so pretexto de vencer a las potencias nazi-fascistas. Logrado esto en 1945 aquellos partidos persisten en su política pro-capitalista, especialmente el PC francés, que se une a su burguesía y formación estatal para llevar adelante la guerra contra los movimientos nacionalistas en las colonias, Indochina, Madagascar, Argelia, etc.
        
Entre nosotros, cuando las clases populares, en 1934-1936, van generalizando una acción insurgente potencialmente revolucionaria, todos los partidos de izquierda y sindicatos se unen en el Frente Popular. Al ganar éste las elecciones en febrero de 1936, desencadena una represión terrible, con numerosas matanzas de trabajadores y campesinos en febrero/julio de ese año.
        
Cuando el franquismo entra en crisis irreversible la principal fuerza política organizada clandestinamente en el interior del país, el partido comunista, es la encargada de auxiliar decisivamente al sistema de dominación, abortando un flujo de la acción popular que podría haber llegado a ser peligroso para el statu quo. Es dicho partido el que salvaguarda los intereses fundamentales del capitalismo y el ente estatal, en la llamada Transición del franquismo al parlamentarismo, 1974-1978. A cambio, toda la izquierda política y sindical es integrada en el sistema, recibiendo fastuosos subsidios y mucho poder.
        
Los hechos muestran que la heterodoxia se hace ortodoxia y la subversión se muta en reacción en cuando se dan las condiciones para ello.
        
En el presente, en Latinoamérica, los partidos de izquierda y los cuadros e intelectuales provenientes de los partidos comunistas son componentes determinantes de los gobiernos y las instituciones estatales. Desde ahí realizan la política de la reacción y sirven al imperialismo. En concreto, reprimen, aculturan y degradan a los pueblos indígenas, desarrollan las formas más ecocidas de tecnología, generalizan los cultivos transgénicos, promocionan el régimen salarial, destruyen la agricultura de autoabastecimiento, fomentan el rearme y el militarismo, concentran el capital, desarrollan el aparato estatal creando una sociedad policial-militar de control creciente, someten a los pueblos al imperialismo mientras dicen ser “antiimperialistas”, etc.
        
En España ahora asistimos a la creación desde arriba, desde el poder de la banca y del Estado, de la nueva heterodoxia de pega, Podemos. Dado que tras 40 años de servir a sus amos la vieja izquierda se ha desgastado, el sistema de dominación precisa de una nueva, no menos reaccionaria.
        
Los poderes constituidos necesitan tan urgentemente una izquierda burguesa renovada que es muy probable que Podemos gane las elecciones generales de finales de 2015. Está siendo aupado al gobierno para realizar transformaciones sociales antipopulares, que por su dureza e incluso dramatismo no puede acometer la derecha, dado que ésta no sería capaz de controlar a los movimientos populares.
        
El programa, demagógico y populista, que vocea Iglesias muy poco tiene que ver con el que realizará una vez en el gobierno.
        
Una meta fundamental de Podemos es colmar y llenar un vacío de actividad política “creíble” que podría ser muy favorable, en los próximos años, para el desarrollo del proyecto de revolución integral, en un momento de descrédito del parlamentarismo, estancamiento del capitalismo, decadencia de Europa y pérdida de prestigio de las instituciones estatales.
        
Por eso Podemos es una fuerza, en primer lugar y sobre todo, anti-revolucionaria, institucional, burguesa de izquierdas, financiada muy generosamente por la banca, la gran patronal española y el Estado. Con todo, sus fundamentos últimos son relativamente pobres, toscos y frágiles, de manera que el proyecto y programa de revolución integral, probablemente, logré éxitos y avances notables en los próximos años.
        

domingo, 21 de septiembre de 2014

LUIS MELÉNDEZ, PINTOR DE LA MATERIALIDAD


En la formación social actual la inespiritualidad tiene una de sus manifestaciones en la incomprensión y repudio de lo material. El zafio fisiologismo y el chabacano pancismo que se han enseñoreado de nuestro mundo son inhábiles para percibir lo que la materia es en tanto que substancia y fundamento.
        
Por eso la obra pictórica de Luis Meléndez (1716-1780) posee una importancia singular, debido a que muestra la grandeza de la materia, del componente último de las cosas. Su genialidad otorga a las realidades más humildes pero más fundamentales esencialidad y magnificencia.
        
Meléndez vivió pobremente y murió en la miseria, pues rehuyó la pintura, adoctrinadora y grandilocuente, de reyes, aristócratas, adinerados o príncipes de la iglesia. Su obra es escasa, un fastuoso Autorretrato y poco más, aparte de los 44 bodegones que le han hecho universalmente admirado, compuestos en 1759-1774.
        
Son cuadros de pequeño formato, que las mentes frívolas y superficiales consideran sólo buenos para emperifollar salas de inferior significación. Pero Meléndez, en sus bodegones, no pinta sin más los objetos de la cotidianidad: pan, frutas, queso, cuencos, cestas, barriletes, meleros, botellas, verduras, mariposas, chocolateras, perdices, huevos, peroles, rajas de salmón, pucheros y varias más, pues muestra la esencia común a todas ellos, plasmando la materia, lo material y la materialidad.
        
Su técnica pictórica no es realista. Al contrario, ahonda en la esencia de cada cosa, resalta y potencia lo que es primordial en él, mostrando la materia en su trascendencia. No copia la realidad, no pinta un pedazo de pan particular sino el pan en tanto que entidad combinada y múltiple, alimenticia y genésica, gustativa, olorosa, crujidora y visual. Lo mismo consigue con todo lo que representa. De ese modo convierte lo cotidiano en sublime. Y al revelar con una excelsitud tan estremecedora las realidades más usuales nos lleva a amarlas.

Meléndez erotiza las cosas. Nos deslumbra con su belleza, épica y grandeza.

Nos enseña a sentir por y con ellas emoción y respeto, afecto y pasión. Nos hace seres que viven con las cosas y no solamente gracias a ellas. En sus bodegones el utilitarismo es refutado pues las viandas y elementos auxiliares se elevan a la categoría de objetos magníficos. Al alimentarnos con aquéllas incorporamos la grandeza de lo existente, la excelencia de lo material. Con Meléndez los objetos primarios, lo corporal universal, se hacen espíritu, y el espíritu se manifiesta como cotidianidad transcendida.

Ese modo transfigurado y enaltecido de percibir lo material es imprescindible para mejorarnos como seres humanos. La sociedad de consumo nos fuerza a considerar los objetos -ahora mercancías- de un modo perverso, a arrojarlos nada más comprados, por tanto, a odiarlos en actos. Ese uso perverso es facilitado por su fealdad y falta de calidad, consecuencia de la producción asalariada y tecnificada.

Pagar su precio es el inicio del aborrecimiento por ellos, del maltrato y del desprecio, del echarlos al vertedero, lo que es necesario para volver a realizar un nuevo acto de compra. Por eso la sociedad de consumo es un orden asentado en la enemistad hacia lo material, en la falta de consideración por las cosas que son al mismo tiempo cosas y productos del trabajo humano, con lo cual la ojeriza y desamor son dobles, hacia el mundo material y hacia los otros.
        
Para establecer un orden del amor necesitamos transfigurar las cosas, como hace Meléndez, y elevarnos a nosotros mismos sobre la incomprensión y destructividad usuales en la relación con ellas. Para re-civilizar una sociedad en agonía se hace necesario reformular la relación con las cosas tanto como la relación con los otros, con la sociedad y con nosotros mismos.
        
Con Meléndez refutamos a Platón, negando que el cuerpo, lo material, sea la tumba del espíritu. Antes al contrario, es una de sus más magnificas expresiones. Somos seres corporales y, por tanto, seres espirituales.