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viernes, 24 de octubre de 2014

VIDAS PARALELAS EVO MORALES Y PABLO IGLESIAS (III)

Algunos dices que Morales ha sido corrompido por el poder, y que ha variado su política y programa. No es verdad. Ahora está haciendo lo que preconizó desde el principio con la peculiar neolengua del progresismo, lo que está en el meollo de las políticas de izquierda. Por lo demás, el poder corrompe siempre, y la única manera de evitar ser corrompidos es no sumándose al poder, no participar en mascaradas institucionales, no incorporarse al Estado ni al gobierno, buscando los remedios a los males sociales en el pueblo y con el pueblo, que ha de estar, para existir como tal, fuera y en contra del ente estatal, fuera y en contra del sistema partitocrático.

Su trayectoria ha ido atravesando diversas etapas, todas lógicas y cada una preparatoria de la siguiente. Antes de acceder al gobierno fue la fase de la demagogia y el tremendismo verbal. Al ser presidente en 2005 dedicó un tiempo a promover el asistencialismo social, atrayendo, dividiendo y corrompiendo con el dinero estatal a sectores de las clases populares y los pueblos indígenas. A la vez colocó en puestos estatales y empresariales a sus seguidores, creando con ello una sólida plataforma de intereses para realizar su proyecto. Además, realizó una marrullera política de gestos y poses, como romper relaciones diplomáticas con el imperialismo yanki en 2008 y nacionalizar (estatizar) algunas empresas, también para ofrecer a sus seguidores más empleos y sinecuras en el estatocapitalismo, entre otros fines.

Así fortalecido pasó a la etapa operativa de su proyecto: fomentar el desarrollo económico capitalista, desarticular el mundo indígena, hacer de Bolivia un país todavía más semi-colonial, por más dependiente de la monoproducción de materias primas[1], dividir y enfrentar a las clases populares (véase el uso que ha hecho de las “políticas de género” con tal finalidad), perseguir policialmente a quienes se le oponen desde posiciones revolucionarias, considerar los territorios aún vírgenes del país como bienes mercantilizables, fomentar rastreramente la tecnología (en particular Internet, una arma poderosa contra las comunidades indígenas), establecer normas jurídicas para “integrar” a los indígenas en “la nación boliviana”, sumarse a la sinrazón de los cultivos transgénicos, loar y fomentar la energía nuclear y otros similares.

La presión había sido muy fuerte y la situación reventó en 2011. Ese verano y otoño se vio al indigenista por antonomasia, Morales, enfrentado violentamente a las comunidades indígenas, contra las que desató una represión policial bastante severa…

En la última campaña electoral Morales y la izquierda han sido financiados ya directamente por la gran patronal, que ha encontrado en uno y otra sus mejores valedores, los únicos capaces de proporcionarles hoy un crecimiento económico de larga duración, en el que realizar una tan enorme y generalizada como relativamente tranquila acumulación de capital. Los elevados beneficios que están logrando las grandes compañías hoy en Bolivia, autóctonas y multinacionales, son un mentís al “anticapitalismo” de Evo y el izquierdismo.

Su “antiimperialismo” se desenmascara, según se ha expuesto, con el hecho de que en vez de diversificar la economía para hacerla autosuficiente y alimentar a la población ha concentrado aún más la actividad productiva en los minerales (litio sobre todo) y el gas natural, que representan el 80% de las exportaciones del país. Subordinado al muy depredador imperialismo chino, Bolivia es un país cada vez más dependiente del mercado mundial, al que lleva sus materias primas en condiciones que tienden a empeorar. Mientras, la agricultura de autoconsumo, familiar y local, está siendo relegada. Morales durante un tiempo incluso peroró a favor de “la soberanía alimenticia” pero su actuación posterior es la negación de ella.

Hoy Evo y su gente son nueva burguesía aferrada al capitalismo de Estado por lo general, aunque cada vez más también a la empresa privada y a los negocios exportadores y cambiarios, por medio de múltiples procedimientos y mecanismos, legales e ilegales. Los “fieros” izquierdistas de antaño son hogaño prósperos neo-funcionarios, opulentos emprendedores o sesudos consejeros del gobierno en cómo demoler mejor a la ruralidad indígena, cuando no ingeniosos loadores de las glorias del Jefe en los medios de comunicación o boyantes profesores maquinadores de nuevos maquiavelismos. Todos, o prácticamente todos, han prosperado mucho y están entusiasmados con la situación. Desde luego, lo suyo es de fábula: se hacen ricos y al mismo tiempo “emancipan” a las clases trabajadoras y a los pueblos indígenas. La cuadratura del círculo es así realizada, al menos verbalmente…


El error de quienes han apoyado de buena fe al MAS y a Morales es ignorar lo más evidente, que su proyecto mantiene incólumes los poderes fácticos, el ejército, el aparato policial, el poder judicial, el artefacto académico, el estatocapitalismo. En realidad la cosa es mucho peor pues el ejército, que ejerce el poder decisivo, sobre todo en países como Bolivia, nunca ha disentido de Morales, lo que indica que le otorga un respaldo total en la práctica. Hoy la izquierda latinoamericana realiza las políticas diseñadas por los ejércitos de los respectivos países, de los que es el brazo político, igual que hace decenios lo fue la derecha y extrema derecha.
(Continuará)



[1] Desde que Morales está en la presidencia del gobierno, Bolivia ha ido incrementado las importaciones de alimentos básicos, con reducción del porcentaje de autoabastecimiento. Esto es lo propio de economías lanzadas a realizar una sobre-acumulación de capital lo más rápida posible, que concentran los recursos productivos disponibles en las ramas donde la cuota de ganancia es mayor, dejando abandonados los sectores menos rentables pero más necesarios, como la producción de medios básicos de vida. Así actuó la extinta Unión Soviética, luego hizo lo mismo Cuba “socialista”, después Venezuela con el chavismo y ahora lo está llevando a efecto Bolivia con Morales. Tal es expresión de que la izquierda “combate” el capitalismo para establecer un hiper-capitalismo en el que las necesidades básicas de las gentes más modestas no tiene cabida, en particular si la pequeña producción familiar y vecinal es socavada y condenada a la extinción por los tecnócratas y mega-desarrollistas de la izquierda.

jueves, 23 de octubre de 2014

VIDAS PARALELAS EVO MORALES Y PABLO IGLESIAS (II)

Lo más repudiable de la ejecutoria de Morales es su política hacia las comunidades indígenas. Ha agredido ambientalmente sus territorios, con grandes infraestructuras y una intensa actividad expoliadora de recursos primarios, mercantilizando el marco de existencia de aquéllas[1]. Las ha enfrentado unas con otras y dividido interiormente, favoreciendo a minorías que se están transformando en nueva burguesía indígena y explotando a los que antaño fueron sus iguales. Las está aculturando, atrayéndolas a la dependencia del Estado, rompiendo las tradiciones ancestrales de autoabastecimiento y vida autónoma conforme a sus propios valores, fundamento de su mismidad y pervivencia.

Para conectarlas a la Red, lo que es tenido por Morales por un enorme progreso, ha lanzado un satélite artificial, a fin de que Internet llegue hasta la última aldea de la selva. Con esto introduce a los indígenas en el capitalismo global, les hace buenos para el trabajo asalariado, el consumo y el pago de impuestos. Por causa del obrar del gobierno de izquierda es de temer que, en unos pocos años, ya no queden pueblos indígenas autosuficientes, conscientes de sí, orgullosos de lo que son y en permanente lucha por la libertad, al haber sido rebajados a masa amorfa, sin dignidad y aculturada, devastada por el autoodio, que vive para el dinero y la turbia ilusión del bienestar material. Como consecuencia, dichos pueblos se están desentendiendo de sus lenguas, cada día menos apreciadas, pasándose al español cuando no al inglés.

El MAS y Morales hicieron promulgar en 2009 una nueva Constitución que declara a Bolivia “Estado Plurinacional (sic)”, declarando co-oficiales 36 idiomas indígenas. De esa manera se arrebatan tales lenguas a sus pueblos, que quedan transformadas en propiedad del Estado, entrando con ello es un proceso de, por un lado, aparente recuperación pero, en realidad, de desintegración. Son los pueblos, y no los Estados, quienes pueden salvar las lenguas y culturas amenazadas. Aquéllos son causa de su decadencia, no el remedio.

Al expropiar las lenguas a los pueblos indígenas Morales está ejecutando un genocidio cultural, al que los pueblos indígenas se resisten, de ahí sus grandes movilizaciones de 2011, que el gobierno de Morales reprimió con furor. Las luchas obreras, campesinas, indígenas y populares contra el gobierno izquierdista del MAS son abundantes y persistentes desde hace mucho, realidad que los media ocultan para mantener una buena imagen del izquierdismo pro-capitalista a escala planetaria, al ser éste necesario al poder constituido en muchos países, España entre ellos, para pastorear y manejar a las masas.

También velan el uso habitual de grupos parapoliciales y de extrema derecha, organizados por el MAS y el gobierno de Evo, para violentar a quienes denuncian y se resisten, en particular a las comunidades indígenas, que han padecido muchas agresiones ilegales dirigidas desde el gobierno en los últimos años.

Lo que incontables gobiernos de derechas no han logrado durante muchos años, e incluso siglos, el sobre-someter a los pueblos indígenas de Bolivia hasta aniquilarles cultural y políticamente, lo está consiguiendo la izquierda en un tiempo muy corto. Por eso Evo es idolatrado por el gran capital, el imperialismo y el ejército, por todo el bloque de los dominadores. Se comprende, pues está logrando incorporar más del 60% de la población, formada por pueblos ancestrales, al sistema capitalista globalizado.

En tales resultados se evidencia la verdadera naturaleza del discurso indigenista, racista antiblanco y pretendidamente antiimperialista de Morales y su partido. Un indígena aymara, Morales, está culminando la desnaturalización e inmolación cultural de los pueblos indígenas de Bolivia. Su racismo ha tenido unos resultados inesperados para los más ingenuos, golpear a las comunidades autóctonas hasta casi desintegrarlas… lo que prueba que el racismo en todas sus formas es intolerable, en particular el que ahora está en ascenso, dirigido contra los blancos[2].

Morales es maestro en lo que se ha denominado “doble discurso”: dice una cosa y hace otra. Promulga su Constitución de 2009 para conculcarla todos los días en la práctica, y sólo se acuerda de ella si le es útil como instrumento para embaucar. El uso regular de la mentira forma parte de sus hábitos de trabajo.

Cuando por todas partes se eleva el clamor contra los transgénicos, Morales y la izquierda se han hecho sus defensores. Mientras en todos los países la lucha contra la energía nuclear es una de las banderas de la resistencia a los Estados y al capitalismo globalizador, la izquierda boliviana se dispone a abrir una central nuclear, a la vez que exporta productos energéticos, gas natural, extraídos con gran daño medioambiental. Con tal de hacer subir la cuota de beneficios de las multinacionales, acumular capital y encontrar nuevos ingresos tributarios para el ente estatal, la izquierda boliviana está dispuesta a todo.

Aquélla está acudiendo a todas las argucias imaginables para sobre-dominar al pueblo. Morales lleva años fomentando la delincuencia común, para que la violencia en la calle dificulte la acción autónoma popular. Tan sangrienta artimaña ha sido llevada hasta sus últimas consecuencias por el chavismo en Venezuela, como procedimiento extremo de dominación, y el gobierno del MAS la está ahora copiando en Bolivia.
(Continuará)


[1] Para calibrar el grado de inmoralidad de la izquierda pro-capitalista hay que recordar las antaño tan incesantes como estomagantes soflamas de Morales a favor de la Pachamama (madre tierra). Hoy todo eso está olvidado, y ya sólo habla de lo único que verdaderamente le ha preocupado siempre, como buen burgués travestido, el dinero. Para vencer electoralmente y medrar la izquierda está dispuesta a prometer lo que haga falta. Posteriormente dirá Diego donde dijo digo. Ahora en Bolivia sacrifica al medio ambiente y la madre tierra ante el altar del desarrollismo y el progreso.
[2]  En las comunidades indígenas Morales está fomentando el desenvolvimiento de una nueva burguesía indígena, opulenta, arrogante y deshumanizada, que exhibe sin pudor sus signos externos de riqueza. Unificada por la ideología del victimismo, el racismo antiblanco y el desarrollismo, escenifica de cuando en cuando parodias de ceremonias supuestamente ancestrales al mismo tiempo que manda a sus hijos a estudiar en EEUU, venera el inglés y desprecia la cultura popular campesina autóctona, que concibe como “atraso” y prácticas “supersticiosas”. Esa nueva burguesía de piel oscura está sobre todo en las empresas estatizadas por Morales, que atentan contra el medio ambiente, llevan adelante el saqueo del gas y dañan a las poblaciones indígenas que desean seguir siendo ellas mismas y continuar viviendo a la manera tradicional. Otra de las agresiones étnicas puesta a punto por Morales es la de otorgar becas a adolescentes de familias indígenas rurales, para que en las universidades sean manipulados, adoctrinados y aculturados, convertidos en ajenos a sí mismos y enemigos de sus propios pueblos. La cultura de los indígenas, que es de base oral, no cabe en la universidad, una sección del aparato del Estado neo-colonial. Su lugar es la vida, la aldea, la calle, no las aulas manejadas por pedantes, funcionarios y arribistas. La existencia de una elite indígena no es, con todo, un fenómeno nuevo, pues el sistema colonial se basó en la cooperación de aquélla con los poderes imperiales. Por eso el colonialismo no puede ser concebido en términos racistas. La izquierda, cuya concepción básica es racista, lo hace a costa de la verdad histórica.

martes, 21 de octubre de 2014

VIDAS PARALELAS EVO MORALES Y PABLO IGLESIAS (I)



Los nueve años que lleva como jefe del gobierno de Bolivia Evo Morales proporcionan enseñanzas, e incluso advertencias, de cuál va a ser, más allá de la demagogia, el electoralismo y las patrañas politiqueras, la ejecutoria de Pablo Iglesias y su formación mediático-institucional, Podemos, ya un partido político más.
        
También es útil estudiar esta cuestión para evitar que muchos de quienes hoy apoyan a Podemos dentro de unos años se presenten en público, compungidos y lacrimosos, diciendo, “¡Me engañaron!, ¡Nos engañaron!”, como ahora hacen una parte de los que respaldaron a Morales y su partido, presentados antaño como emancipadores de los pueblos indígenas de Bolivia y agentes de una “revolución institucional” de fabulosas consecuencias...

Nadie es engañado si previamente no se autoengaña y no demanda ser engañado.

Aquellos que hoy se suman al montaje Podemos están contrayendo una responsabilidad colosal, que se les ha de exigir ahora y en el futuro, pues hay que poner límites a la frivolidad y el victimismo, al epicureísmo político y la fobia a la verdad.

Hace años, cuando Morales era un sindicalista poco conocido que hacía carrera política a base de reformismo socialdemócrata, racismo antiblanco, etnicismo de guardarropía y verborrea izquierdista, una minoría muy reducida pronosticamos que tras su proyecto y programa se escondía un plan de las elites del poder en Bolivia para engrandecer el capitalismo, destruir la naturaleza, fortalecer al Estado (en particular al ejército), sobredominar a las clases trabajadoras y desintegrar a las comunidades indígenas. No fuimos escuchados.

El buenismo y el autoodio, los sentimientos de culpa histórica y la interiorización masoquista del racismo antiblanco, impedían que personas y colectivos europeos bienintencionados se percatasen de que el proyecto de Morales era, en lo más principal, un calco del que había realizado el franquismo para liquidar al mundo rural tradicional popular aquí, esta vez dirigido contra las comunidades indígenas de Bolivia. 

Mi libro “Naturaleza, ruralidad y civilización” describe aquella operación, que en España realizó el fascismo de Franco y que en Bolivia está efectuando una formación política de izquierda supuestamente indigenista, que se dice “anticolonialista”, “antiimperialista” y “anticapitalista”…

Han pasado los años y los hechos muestran que Morales es un instrumento del capitalismo, el imperialismo y el Estado boliviano contra el mundo indígena, el medio ambiente y las clases modestas. Ahora ya son pocos los que desde posiciones “radicales” defienden a Morales y su partido, el MAS (Movimiento Al Socialismo). Hoy su línea es calificada de “neo-liberal”, Bolivia de “la China andina” y su política hacia los pueblos indígenas de “caricatura”.

La dura represión policial de las protestas campesinas e indígenas que su gobierno realiza en el verano y otoño de 2011, el enfermizo gusto por las infraestructuras faraónicas, la devastación medioambiental a colosal escala en la selva amazónica, el apoyo a la soja transgénica, su plan para introducir la energía nuclear y la generalización de Internet en las comunidades indígenas, para globalizarlas, aculturarlas y desintegrarlas como tales, han enfriado el entusiasmo de muchos.

Quien llegó perorando contra el capitalismo, Morales, es ahora más defensor del capitalismo y el mercado que nadie. Su meta es el desarrollo económico a cualquier precio. Se jacta de que Bolivia está creciendo al 5% anual y olvida los costes, sociales, culturales, ambientales, históricos, étnicos, éticos, espirituales, en lo referido a las libertades populares y a la calidad de la persona, etc., bienes y valores todos que son sacrificados al desarrollismo.

El economicismo de Morales ha hecho crecer los beneficios de las grandes empresas, así como los ingresos fiscales del Estado, con lo cual el poder del capitalismo privado y el capitalismo estatal, o estatocapitalismo, es hoy mayor que nunca en el país. Por eso, entre otras causas, el pueblo tiene menos libertad.

Para envilecer y mejor oprimir a las clases modestas Morales aplica una política de sobornos y corruptelas, en la forma de “ayudas” estatales, con los que ha logrado comprar a ciertos sectores populares, a las que enfrenta con otros, subordinando el pueblo a la instituciones y degradando a éste, desde comunidad que se autosostiene a populacho que depende monetariamente del ente estatal.

La transformación del pueblo en populacho, que es el meollo de las “políticas sociales” de izquierda, daña la capacidad de aquél para ser por sí mismo, para afirmarse, resistir y combatir. Le hace sumiso y dócil, transformando a la persona en un asistido y en un dependiente, en una criatura propiedad del Estado, en un ser nada. Morales utiliza los tres elementos constitutivos del despotismo que recomienda Maquiavelo, la mentira, la violencia y el soborno.

El desarrollismo de Morales es de tal magnitud que en las últimas elecciones la clase patronal boliviana le ha preferido al otro candidato en pugna, el empresario Samuel Doria, subsidiando ya de manera abierta su campaña, y hasta el FMI se ha felicitado en 2014 por el actuar de la izquierda gubernamental en Bolivia, mientras que el BM respaldó a Morales en 2012 por el trato que daba a las multinacionales.

Esto significa que es más capitalista que los propios capitalistas, hasta el punto de que se le califica en la prensa boliviana de “benefactor con los empresarios”. Todo indica que la izquierda es la mejor expresión de la derecha, hoy la opción favorita del gran capital, que la está utilizando en numerosos países para expandir a la gran empresa y constituir unas clases trabajadoras desmovilizadas y pasivas. Lo está haciendo, además de en Bolivia, en Brasil[1], Chile, Ecuador, Venezuela, Cuba, etc. Y lo desea hacer en España, con Podemos.
(Continuará)



[1] Una parte de las peores agresiones medioambientales, saqueo de materias primas y ataques institucionales a los pueblos indígenas de Bolivia lo están realizando entidades y empresas brasileñas, unas estatales y otras privadas, dirigidas por los sucesivos gobiernos del Partido de los Trabajadores de Brasil, la formación izquierdista que lleva años desarrollando el capitalismo en ese país.

sábado, 11 de octubre de 2014

RENTA BÁSICA, ÉTICA Y REVOLUCIÓN INTEGRAL



La demanda de que todos “los ciudadanos” disfruten de un aporte económico estatal que resuelva sus necesidades materiales mínimas, asunto que es presentado como un derecho fundamental a exigir, necesita de un examen cuidadoso.
        
Un deber moral primordial es que cada persona viva del propio esfuerzo, de su trabajo, pues de otro modo se convierte en expoliador de los otros, en parásito, en explotador. Desde el punto de vista político quien subsiste a costa del Estado se hace criatura institucional, forzada por el vínculo de dependencia material que así se establece a defender el sistema de dominación en momentos de crisis social aguda.
        
En consecuencia, la renta básica universal da origen a un orden reaccionario porque ata a los mantenidos por el Estado a la defensa de las instituciones.
        
Parece fuera de duda que el proyecto de generalizar la renta básica es una medida dirigida contra la idea y programa de revolución integral.
        
También se encamina contra la integridad moral de la persona, que queda dañada cuando se vive de lo producido por otros, pues eso forja una necesidad objetiva, la de dominar al que se explota y oprimir a quien se expolia. Quien vive como un parásito se hace de facto un déspota político que, en momentos de crisis social será organizado por su mantenedor, el ente estatal, para reprimir violentamente a los trabajadores a quienes parasita.

Los mantenidos por la renta básica, la burguesía, los altos funcionarios del Estado, el par ejército-policías y la pedantocracia tienen en común que viven del trabajo ajeno y no del propio. Forman el bloque de la reacción.
        
La pretensión de aportar la suma monetaria para la renta básica cargando con fuertes impuestos los emolumentos de los altos directivos y las ganancias de la banca, aún si fuera factible de realizar, no resuelve el problema principal, a saber, que los bienes y servicios conseguidos con esos recursos monetarios no son producidos por quienes los reciben, los supuestos perceptores de la renta básica.
        
Todo lo que sea vivir parasitariamente es políticamente reaccionario y moralmente reprobable.
        
Es cierto que hoy la gran mayoría de las personas están forzadas a trabajar como asalariados, lo cual es una inmensa desgracia y un descomunal mal. Pero, con todo, es menos malo que subsistir a costa de otros, viviendo sobre todo de lo que producen los trabajadores y campesinos del Tercer Mundo a la vez que se lanzan  hipócritas soflamas contra “el racismo”.
        
Entre ser un explotado y ser un explotador hay que escoger por menos malo y menos degradante, lo primero. Porque la sociedad del futuro que resulte de la revolución social integral sólo puede ser un orden de trabajadores, cada cual viviendo de sí, sin que nadie arrebate a los otros el fruto de su esfuerzo, sin burguesía ni aparato estatal ni mantenidos por esta nueva versión de la sopa boba que antaño repartían los conventos a los pobres que es la renta básica.
        
La revolución integral propone: 1) la universalidad del trabajo productivo, realizado un mínimo de tiempo, 2) la abolición total y completa del trabajo asalariado, 3) la creación de una sociedad donde los seres humanos se magnifiquen, convivan y autoconstruyan también por el trabajo libre asociado.
        
Resulta esclarecedor que quienes desean hacer de todos nosotros unos parásitos, unos mantenidos y unos inútiles, nada digan contra el trabajo asalariado, que es el gran mal de nuestras sociedades. Para poner fin a esa forma de esclavitud hay que expropiar sin indemnización al gran capital, creando una sociedad colectivista autogestionada. Dicho de otro modo, hay que hacer una revolución anticapitalista.
        
En el ámbito de lo personal vivir sin trabajar degrada, envilece, debilita, entontece y encanalla a la persona, haciendo de ella un marginal, un lumpen. Esto es bien visible en quienes ya perciben esta o la otra forma no contributiva de “ayuda” estatal. Lo que se constituye con la renta básica son formas muy infaustas y lastimosos de seres nada, de personas que están dejando de serlo.
        
No sólo es inmoral subsistir de la caridad estatal sino que también lo es hacerlo de la “ayuda” proporcionada por la familia. Todas y todos han de vivir de sí mismos desde la mayoría de edad, ni de los padres/madres ni del Estado.
        
Ciertamente, hay circunstancias en que, dado el actual orden vigente, no queda más solución que aceptar alguna ayuda estatal para subsistir. El caso más obvio es el subsidio de paro. Es legítimo hacerlo con una condición, buscar activamente un modo de vivir de sí mismo (si se puede, no salarial, si no hay otra opción, salarial) y por sí mismo. Igual cabe señalar respecto a los que teniendo edad para trabajar subsisten de la familia.
        
Quienes no pueden trabajar, por enfermedad, edad, etc., han de ser auxiliados por la sociedad, por la vecindad, por la buena gente autoorganizada, no por las instituciones, no por el Estado. Hay que crear sólidos y omnipresentes vínculos sociales horizontales para ayudarnos los unos a los otros, cuyo fundamento ha de ser el amor mutuo, rechazando la dependencia jerárquica de las instituciones y las relaciones de dominación en todas sus formas.
        
En ese marco lo expuesto no es óbice para que a nivel privado se llegue a acuerdos en la familia o en otros ámbitos de relaciones sociales en que alguno de los integrantes de tales grupos eluda el trabajo asalariado para dedicar su tiempo a la actividad que se considere necesaria.
        
La lucha hoy ha de ser por lograr formas de vida y subsistencia que hagan de cada persona alguien que vive por sí, ni explotador ni explotado.