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domingo, 25 de septiembre de 2016

NEOCOLONIALISMO HUMANITARIO

      La película “Los caballeros blancos” dirigida por Joachim Lafosse, 2015, muestra la realidad del universo ONG. Lo presenta como un fiero afán de hacer dinero y enriquecerse tomando la ideología de “la ayuda al desarrollo” por cobertura propagandística. Las ONGs suelen enriquecer a quienes las dirigen, y en bastantes ocasiones son pagos en especie de las instituciones del Estado a sus servidores. Cada una de ellas va unida a una sustanciosa subvención, además de otros muchos ingresos no menos suculentos, que es lo que narra el film. La severidad de la denuncia muestra el hartazgo ya existente con las ONGs.

         Pero el asunto va mucho más allá.

         Las ONG forma parte del aparato del Estado, y por eso su nombre es engañoso. Son instrumentos para la sobre-intervención de los países imperialistas en los países pobres. No pocas están constituidas por los servicios secretos y los ejércitos de aquéllos, y casi siempre están al servicio de su política exterior, esto es, del Ministerio de Asuntos Exteriores y las embajadas. Su meta es intervenir, manipular, favorecer a las empresas multinacionales. También, socavar la cultura popular de los pueblos pobres, haciendo que se extienda mejor la ideología imperialista.

         Por eso ha sido acuñada la expresión de “neocolonialismo humanitario”.

         Sobre la ideología ONG un libro que, con ironía, aporta un análisis bien construido, es el Gustau Nerin “Blanco bueno busca negro pobre. Guía de la cooperación y las ONG”, 2011. Podría decirse que la esencia de aquélla reside en la perversa noción de “ayuda”, de “ayudar” a desarrollarse. Se da por supuesto que tales pueblos no pueden ayudarse a sí mismos y que necesitan la aportación de los países ricos, pretendidamente superiores en lo económico, lo tecnológico…

         Este entramado de creencias culmina en una nueva manifestación de intervencionismo, en un renovado mecanismo neocolonialista. No sólo porque quien es ayudado lejos de emanciparse queda en una situación de dependencia respecto a quien le otorga la ayuda sino porque lo que se busca con las intervenciones de las ONGs es adaptar las sociedades en que operan a las metas estratégicas del imperialismo.

         Además, está la “mentalidad de ONG”. Una combinación de santurronería arrogante, complejos de superioridad, buenismo discursivo, estatismo a rajatabla, racismo implícito y neo-racismo explícito, hostilidad irrazonable hacia lo positivo de la cultura occidental, veneración sobreexcitada por el fenómeno de la emigración y rechazo de la idea de revolución. En efecto, las ONGs tienen como una de sus metas impedir que los pueblos de los países pobres hagan avanzar sus propios procesos de emancipación, contra el imperialismo occidental, ruso, chino o árabe-islámico, contra sus propias oligarquías corrompidas y criminales, contra el clero de extrema derecha de esta o la otra religión.

         La solución global, y la única auténtica, a los gravísimos y numerosos problemas que tienen los países pobres, desde el hambre a la falta de libertad para el pueblo, está en la revolución, no en la “ayuda” que les puedan proporcionar las ONGs. Éstas son parte del enemigo de tales pueblos. Eso, con limitaciones, es lo que describe “Los caballeros blancos”.

         Ahora queda por hacer la tarea de emanciparnos de la “mentalidad de ONG” aquí, en las metrópolis, desmontando sus falacias, confiando en las capacidades de los pueblos oprimidos y pobres para liberarse por sí mismos, sin “caballeros” que acuden a socorrerlos mientras se enriquecen, planteando correctamente el gravísimo problema de la emigración, ese gran negocio para Occidente, quizá el mayor de todos hoy.

Y refutando la ideología de la “ayuda”. Para empezar con una aserción: muy a menudo el mejor modo de ayudar es no ayudar, para permitir que la persona, el grupo, la comunidad y el país se ayuden a sí mismos. Porque quien da ayuda daña al que la recibe: eso es así en la inmensa mayoría de los casos. El sector de la clase media ansioso por “ayudar” sólo puede hacerlo curándose de su obcecación paternalista-ayudadora. Seguiremos con esta cuestión, en su vertiente filosófica y moral, en otros artículos.   

         No quiero terminar sin invitar a quienes se han sumado a ONGs o las respaldan, con la mejor buena fe, que son muchas personas, a intervenir para aclarar esta oscura cuestión. Lo primero es que las ONGs sean lo que dicen ser, ajenas a toda aportación dineraria institucional-estatal, visible o invisible, es decir, No Gubernamentales, No Estatales, y por tanto libres de compromisos con el poder político y económico. Lo segundo cuestionar su actuación en los países “en desarrollo”. Lo tercero someter a escrutinio crítico la categoría misma de “ayuda”. Lo cuarto explorar la noción de revolución. Esto lo cambiaría todo.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

A MÁS ESTADO MÁS CAPITALISMO




         El dato de que el sistema bancario español recibió del Estado, en 2009-2013, 61.000 millones de euros para superar su crisis, de los que sólo han sido devueltos el 5% y de los que ya se dan por irrecuperables 26.000 millones (con la suposición de que se perderá todo lo todavía no reintegrado), pone en evidencia las relaciones que existen entre el ente estatal y el capitalismo.

          Esos 61.000 son una parte pequeña de las ayudas monetarias y no monetarias (éstas probablemente más fundamentales) que el Estado proporciona al capital, de naturaleza bastante diversa y que tienen lugar continuamente, en periodos de crisis más pero también en las etapas de bonanza. Por ejemplo, muy pocos saben que además de esa entrega de numerario, de facto a fondo perdido, el Estado concedió en aquellos años avales a la banca por 103.000 millones de euros, de los que no se sabe qué parte está ya cancelada…

          Están también las ayudas a las entidades no financieras, por ejemplo, las grandes empresas de la construcción, que han sido rescatadas con sumas multimillonarias, sólo parcialmente conocidas. Y están asimismo las recapitalizaciones de bancos y cajas de ahorros realizadas con anterioridad a 2009, en las que se invirtieron miles de millones. Ciñéndonos al periodo de crisis iniciada en 2008, ¿cuál puede ser el total del dinero transferido por el Estado de España a las grandes empresas financieras, industriales, de servicios, de la construcción y otras? Es imposible saberlo porque los datos se ocultan a la opinión pública, o se ofrecen de un modo tan enrevesado y parcial que es casi imposible comprenderlos. Pero por poner una cifra redonda, podrían ser 500.000 millones de euros.

          Esto significa que el ente estatal saquea a los trabajadores y asalariados con un sistema tributario feroz para luego transferir una buena parte del numerario acumulado a los grandes empresarios. De ese modo la explotación fiscal, estatal-fiscal diríamos, de la gente común se convierte en expresión fundamental del sistema de explotación general.

          En los años 2008/2010 el capitalismo privado se estaba derrumbando en Europa y América. Había alcanzado un punto de irracionalidad tal que ya no podía mantenerse, de manera que una tras otras caían en la insolvencia y la quiebra empresas industriales, bancos, multinacionales de servicios, etc. En ese momento crítico, final incluso, del capitalismo los diversos Estados salen al rescate de las grandes corporaciones privadas, las inyectan dinero, las salvan… a costa de los tributos aportados por la gente sencilla, que es saqueada al mismo tiempo por dichas empresas y dichos Estados.

          Algunos calculan que el Estado de EEUU proporcionó 16 billones (16 millones de millones de dólares) a la empresa privada de ese país durante aquéllos años, una cantidad nunca vista. En su mayoría ni está devuelto ni lo será nunca, igual que sucede en España. Eso significa más horas de trabajo, más impuestos, menos sueldos y menos recursos para las clases asalariadas, que son quienes aportan, a fin de cuentas, esas descomunales sumas.

          La empresa privada, la compañía multinacional actual, en la práctica es un ejemplo de ineficiencia, disfuncionalidad, ineptitud y chapucería. La naturaleza antagónica del hecho productivo bajo el capitalismo, la lucha de clases permanente en la empresa, es la causa principal. Si no fuera por la intervención incesante del Estado, que la insufla vida en los tiempos buenos y la salva en los malos, ya habría desaparecido. Para logar un sistema económico eficaz hay que poner fin a la gran empresa, que es un desastre y un bluf. La expropiación sin indemnización de esos dinosaurios permanentemente enfermos e inoperantes es una necesidad cada día más urgente. Tal operación salvífica la tiene que hacer el pueblo, no el Estado, pues el capitalismo de Estado puede ser incluso peor que el privado.
      
         En oposición a quienes preconizan que el Estado “nos salva” del capitalismo los hechos muestran que es el capitalismo quien resulta ser salvado por el Estado a nuestra costa y contra nosotros. Éste hace que aquél sobreviva y engorde artificialmente. Por tanto, cuando más vigoroso sea el ente estatal, cuando más lejos lleve su poder para extraer riqueza y succionar impuestos, más poderoso y seguro será el capitalismo privado, que de ninguna manera puede existir al margen del Estado.

          Los que denuestan las “políticas neoliberales”, según ellos una conspiración, para hacer pequeño (?) al ente estatal en beneficio de la gran empresa privada, a la vez que exigen “más Estado” a grito pelado, son los mejores agente del capitalismo. Tales, en su ignorancia, describen al neoliberalismo como no es, dado que su esencia es el crecimiento ilimitado del Estado y su servicio máximo a la gran patronal.

          Por otro lado están los liberales, que hacen demagogia propugnando una remodelación global del Estado para hacerlo “mínimo” a fin de que sea la gran empresa privada, supuestamente muy eficiente y productiva, la que tenga todo el poder económico. Pero aquélla hoy es un armatoste faraónico que malvive en la mediocridad, y que no puede mantenerse sin inyecciones regulares de fondos estatales. Esto requiere que el Estado sea el mayor y más grande posible. Los liberales niegan la evidencia, que la empresa privada, por su propia naturaleza, no es capaz de existir y medrar sin el Estado. Los liberales son estatólatras vergonzantes, además de apologetas de los ricos, esos intolerables tiranos económicos.

          Quienes defienden al Estado defienden al capitalismo. Y los que defienden al capitalismo defienden al Estado. Pero quienes estamos por la libertad, por las libertades, rechazamos al mismo tiempo al uno y al otro.

          Frente a estatólatras fanatizados y liberales de pega el proyecto de revolución integral desea realizar la libertad económica, además de la eficiencia productiva, poniendo fin a la vez a las dos formas de totalitarismo económico hoy existentes, el Estado y la gran empresa, para constituir una economía autogestionada, sin trabajo asalariado, al servicio del bien general, eficaz y estable. Eso será realizar una colosal revolución económica y social. Porque sin revolución no hay solución.



A MÁS ESTADO MÁS CAPITALISMO

El dato de que el sistema bancario español recibió del Estado, en 2009-2013, 61.000 millones de euros para superar su crisis, de los que sólo han sido devueltos el 5% y de los que ya se dan por irrecuperables 26.000 millones (con la suposición de que se perderá todo lo todavía no reintegrado), pone en evidencia las relaciones que existen entre el ente estatal y el capitalismo.

Esos 61.000 son una parte pequeña de las ayudas monetarias y no monetarias (éstas probablemente más fundamentales) que el Estado proporciona al capital, de naturaleza bastante diversa y que tienen lugar continuamente, en periodos de crisis más pero también en las etapas de bonanza. Por ejemplo, muy pocos saben que además de esa entrega de numerario, de facto a fondo perdido, el Estado concedió en aquellos años avales a la banca por 103.000 millones de euros, de los que no se sabe qué parte está ya cancelada

Están también las ayudas a las entidades no financieras, por ejemplo, las grandes empresas de la construcción, que han sido rescatadas con sumas multimillonarias, sólo parcialmente conocidas. Y están asimismo las recapitalizaciones de bancos y cajas de ahorros realizadas con anterioridad a 2009, en las que se invirtieron miles de millones. Ciñéndonos al periodo de crisis iniciada en 2008, ¿cuál puede ser el total del dinero transferido por el Estado de España a las grandes empresas financieras, industriales, de servicios, de la construcción y otras? Es imposible saberlo porque los datos se ocultan a la opinión pública, o se ofrecen de un modo tan enrevesado y parcial que es casi imposible comprenderlos. Pero por poner una cifra redonda, podrían ser 500.000 millones de euros.

Esto significa que el ente estatal saquea a los trabajadores y asalariados con un sistema tributario feroz para luego transferir una buena parte del numerario acumulado a los grandes empresarios. De ese modo la explotación fiscal, estatal-fiscal diríamos, de la gente común se convierte en expresión fundamental del sistema de explotación general.

En los años 2008/2010 el capitalismo privado se estaba derrumbando en Europa y América. Había alcanzado un punto de irracionalidad tal que ya no podía mantenerse, de manera que una tras otras caían en la insolvencia y la quiebra empresas industriales, bancos, multinacionales de servicios, etc. En ese momento crítico, final incluso, del capitalismo los diversos Estados salen al rescate de las grandes corporaciones privadas, las inyectan dinerolas salvan… a costa de los tributos aportados por la gente sencilla, que es saqueada al mismo tiempo por dichas empresas y dichos Estados.

Algunos calculan que el Estado de EEUU proporcionó 16 billones (16 millones de millones de dólares) a la empresa privada de ese país durante aquéllos años, una cantidad nunca vista.En su mayoría ni está devuelto ni lo será nunca, igual que sucede en España. Eso significa más horas de trabajo, más impuestos, menos sueldos y menos recursos para las clases asalariadas, que son quienes aportan, a fin de cuentas, esas descomunales sumas.

La empresa privada, la compañía multinacional actual, en la práctica es un ejemplode ineficiencia, disfuncionalidad, ineptitud y chapucería. La naturaleza antagónica del hecho productivo bajo el capitalismo, la lucha de clases permanente en la empresa, es la causa principalSi no fuera por la intervención incesante del Estado, que la insufla vida en los tiempos buenos y la salva en los malos, ya habría desaparecido. Para logar un sistema económico eficaz hay que poner fin a la gran empresa, que es un desastre y un bluf. La expropiación sin indemnización de esos dinosaurios permanentemente enfermos e inoperantes es una necesidad cada día más urgente. Tal operación salvífica la tiene que hacer el pueblo, no el Estado, pues el capitalismo de Estado puede ser incluso peor que el privado.
En oposición a quienes preconizan que el Estado “nos salva” del capitalismo los hechos muestran que es el capitalismo quien resulta ser salvado por el Estado a nuestra costa y contra nosotros. Éste hace que aquél sobreviva y engorde artificialmente. Por tanto, cuando más vigoroso sea el ente estatal, cuando más lejos lleve su poder para extraer riqueza y succionar impuestos, más poderoso y seguro será el capitalismo privado, que de ninguna manera puede existir al margen del Estado.

Los que denuestan las “políticas neoliberales”, según ellos una conspiración, para hacer pequeño (?) al ente estatal en beneficio de la gran empresa privada, a la vez que exigen “más Estado a grito pelado, son los mejores agente del capitalismo. Tales, en su ignorancia, describen al neoliberalismo como no es, dado que su esencia es el crecimiento ilimitado del Estado y su servicio máximo a la gran patronal.

Por otro lado están los liberales, que hacen demagogia propugnando una remodelación global del Estado para hacerlo “mínimo” a fin de que seala gran empresa privada, supuestamente muy eficiente y productiva, la que tenga todo el poder económico. Pero aquélla hoy es un armatoste faraónico que malvive en la mediocridad, y que no puede mantenerse sin inyecciones regulares de fondos estatales. Esto requiere que el Estado seael mayor y más grande posible. Los liberales niegan la evidencia, que la empresa privada, por su propia naturaleza, no es capaz de existir y medrar sin el EstadoLos liberales son estatólatras vergonzantes, además de apologetas de los ricos, esos intolerables tiranos económicos.

Quienes defienden al Estado defienden al capitalismo. Y los que defienden al capitalismo defienden al Estado. Pero quienes estamos por lalibertad, por las libertades, rechazamos al mismo tiempo al uno y al otro.

Frente a estatólatras fanatizados liberales de pega el proyecto de revolución integral desea realizar la libertad económica, además de la eficiencia productiva, poniendo fin a la vez a las dos formas de totalitarismo económico hoy existentes, el Estado y la gran empresa, para constituir una economía autogestionada, sin trabajo asalariado, al servicio del bien general, eficaz y estable. Eso será realizar una colosal revolución económica y social. Porque sin revolución no hay solución.

viernes, 2 de septiembre de 2016

LA FORTALEZA ES UNA VIRTUD

        Si la fortaleza es una virtud la debilidad es un vicio. Ahora la maldad en todas sus formas es fomentada desde las instituciones, promoviéndose sujetos débiles, destinándose medios y recursos inmensos a evitar que se constituyan individualidades fuertes. Los seres endebles, dependientes, pasivos, acobardados, sin confianza en sus capacidades, son los más apropiados para que el poder/poderes se haga máximo.

         Está, en primer lugar, la fortaleza interior, o fortaleza espiritual, que hace autónoma y capaz por sí a la persona, en consecuencia, libre. No hay libertad, ni individual ni colectiva, sin soberanía del yo sobre sí mismo, sin autodominio y voluntad de ser desde lo que se es, en tanto que realidad pero sobre todo como potencial. Si se sitúa lo exterior por delante de lo interior el sujeto queda sometido a fuerzas ajenas a él mismo.

         La persona es libre cuando es fuerte. Y la fortaleza es una virtud que se autoconstruye.

         Fuerte de manera múltiple, integral. Debe haber una fortaleza de la inteligencia, que se manifieste como indagación y formulación de la verdad, operando con una epistemología adecuada. Una fortaleza de la voluntad, que permita marcarse metas sublimes y cumplirlas con constancia y perseverancia, sin reparar en esfuerzos y sacrificios. Una fortaleza del amor, que lleve a estar con el otro y los otros por encima de conflictos, egotismos y desencuentros. Una fortaleza de la justicia, que impulse a combatir lo injusto, tiránico, explotador. Una fortaleza de la templanza, que minimice los goces sensoriales para situar a la persona por encima de ellos, dominándolos. Una fortaleza de la vitalidad, que no tema al dolor y acepte el sufrimiento, admitiendo que éste es una parte natural de la existencia y que tiene su función positiva, a saber, vigorizarnos y hacernos más sabios. Una fortaleza de lo corporal, que nos constituya como seres poderosos también en lo físico y somático. Una fortaleza de la revolución, que se atreva desafiar al orden constituido para crear otro superior.

¿Cuáles son hoy los enemigos de la fortaleza? El trabajo asalariado que desestructura, lamina y desguaza a la persona. La industria de la diversión, que convierte el ocio en un ejercicio de abyección y asocialidad. El Estado de bienestar, que nos hace necesariamente dependientes de las instituciones estatales, nuevos esclavos “felices”, meros guiñapos subhumanos. El sistema educativo, que amaestra y alecciona para la ignorancia, el no-pensamiento, la debilidad física y mental, el individualismo burgués, la sumisión y la cobardía. En efecto: el moralismo, que ignora la decisiva negatividad de lo institucional en la génesis del mal moral, no es admisible.

         En consecuencia, para ser autónomos y autoconstruidos, seres hechos desde el propio yo, por tanto fuertes y con ello soberanos de sí mismos, se hace necesario un gran cambio institucional, no menos que una revolución. Una sociedad del trabajo libre asociado. Un orden lúdico autogenerado a partir de la creatividad popular. Un sistema de ayuda mutua y servicio amoroso de unos a otros. Unos procedimientos para el aprendizaje que pongan en el centro la vida y no la escuela.  Nada de esto puede conseguirse desde dentro del sistema ni por medio del dinero, de modo que hay que actuar en lo más hondo de la sociedad.

         No sólo están las trabas institucionales a la fortaleza de la persona. Existen las ideologías que la niegan. El hedonismo, con su principio del placer, la fe de los esclavos de ayer y los neo-esclavos de hoy. La búsqueda de la felicidad, o felicismo (en lenguaje culto eudemonismo), una forma de demagogia discursiva que promete lo que no puede ser y es mejor que no sea, la felicidad como supuesta substancia de la vida, negando los valores y las virtudes, la fortaleza y autonomía del sujeto entre ellas. Peor incluso es el epicureísmo, esa enfermiza concepción que prima la cobardía, la huida, el esconderse, para preservar “la paz interior” y “evitar el sufrimiento”, que es la ideología dominante en todos los órdenes sociales en putrefacción, hoy muy apreciada por los seres nada.

         Tenemos, también, los letales elementos directos que niegan la autonomía de la persona, su soberanía, dignidad y grandeza. El alcohol, las drogas legales y supuestamente no-legales. La psiquiatrización de la existencia. Las religiones fanáticas y totalitarias. La politiquería partitocrática. La necesidad de jefes, gurús, maestros y santones. Porque la persona, si lo es o si desea serlo, debe encontrar dentro de sí lo necesario para organizar su propia existencia, superar los momentos difíciles, encarar el dolor por uno mismo y desde uno mismo. Debe y puede hacerlo, puesto que tales capacidades están en el interior de cada cual. La naturaleza nos ha dotado de ellas. Se trata de confiar en sí mismo y aprender paso a paso a utilizarlas. La destrucción de la autoconfianza personal, por múltiples procedimientos, es uno de los mecanismos esenciales del sistema de dominación para perpetuarse.

         Quien no cree en sí mismo, quien se entrega a lo externo, es un esclavo con alma de esclavo.

         Contra ello está las herramientas para la persistencia en la lucha por la libertad ideológica, la planificación del propio esfuerzo para la mejora moral, la conquista -entre otras- de la virtud de la fortaleza. Lo apropiado es examinar periódicamente (una vez a la semana, por ejemplo) nuestros actos, en un contexto de silencio, integridad y autoexigencia. Para revisar nuestro comportamiento a la luz de metas previamente establecidas y localizar en él, con el fin de reafirmarlos y ampliarlos, los actos de fortaleza, valentía, generosidad, ascética, autonomía del yo, amor en obras, enfrentamiento con los poderes constituidos, disposición para el esfuerzo, el servicio, la responsabilidad, el deber autoimpuesto, el dolor con sentido, el heroísmo y el sacrificio. Además, para localizar los momentos de debilidad, vileza, placerismo, cobardía, deshonor, delegacionismo, servilismo, huida. Para determinar sus causas e ir corrigiendo lo negativo sobre la base de afirmar lo positivo. Porque el sujeto se autoconstruye más desde lo positivo que desde lo negativo.

Sin sujetos fuertes ni es posible el cambio personal ni es posible el cambio social.

domingo, 28 de agosto de 2016

PARO Y TECNOLOGÍA


       Se afirma que la tecnología, debido a su pretendida multiplicación de la productividad, crea paro. Calculan que la “cuarta revolución industrial”, eliminará 7 millones de empleos en 2016-2020 en los 17 países más desarrollados. Es el mismo argumento que, desde el utopismo “social”, desarrolla el marxista Paul Mason en “Postcapitalismo. Hacia un nuevo futuro”. Según él, la tecnología de la información hará inviable la continuidad del capitalismo. De ahí que el futuro sea el “postcapitalismo”… Poco hay de nuevo en ello, pues ya se dijo algo parecido de la máquina de vapor, el ferrocarril, la electricidad, la robótica y algunos sistemas técnicos más.



         Mason arguye que el nuevo producto tecnológico, por sí mismo y sin necesidad de la intervención consciente -en forma de revolución- popular, llevará primero a una situación difícil por el elevado paro y otras distorsiones (en la cual se debe usar la renta básica como paliativo) y luego a un desenlace delicioso y magnifico, el fin del capitalismo.



         Argumenta que el orden capitalista es negativo pero que la tecnología creada por él, simple capitalismo en la forma de tecnología, resulta magnifica. Se trata de “ayudar” a la tecnología a desembarazarse de la envoltura capitalista para que con su supuesta altísima eficacia instaure el Reino de Jauja de la abundancia para todos.



         Descendamos a la prosaica realidad. No es verdad que la tecnología, en general, incrementa la productividad del trabajo. Lo hace en algunas ocasiones pero no es lo habitual, si se tiene en cuenta la totalidad del proceso productivo y se consideran los colosales costes ocultos que origina, en gran medida por los daños inmensos que infringe a los seres humanos y a la naturaleza.



La tecnología es, en lo principal, de aplicación a las cuestiones militares y sólo secundariamente a la producción. Esto es mostrado para los iPhone y otras invenciones de Steve Jobs por Mariana Mazzucato en “El Estado emprendedor”. El desarrollo tecnológico real (aunque no el que fantasean los tecnófilos “sociales”), proporciona poderes crecientes al bloque de dominación, desde la manipulación de las mentes en “la sociedad de la información” hasta la intervención represiva policial-militar.  



         La argumentación de que la tecnología es en sí misma y a fin de cuentas “positiva”, o al menos “neutral”, choca con la experiencia de los últimos trescientos años. En pocos casos acrecienta realmente la productividad, y su aplicación en las empresas se suele deber a la busca por los patronos de procedimientos para incrementar su control y poder de mando. Si se da un aumento de los rendimientos es por ésa sobre-constricción que suelen introducir las nuevas tecnologías, no por ellas mismas. Hay pocos sistemas tecnológicos que al mismo tiempo eleven la eficacia del trabajo y hagan a éste más libre, par creativo, más compañeril, más humano.





         Una sociedad sin capitalismo, o sea, libre, autogobernada y autogestionada, lo primero que ha de hacer es poner fin al trabajo neo-esclavo actual, realizando una revolucionarización del acto y quehacer laboral para que recupere su condición de libre obrar de sujetos libres. Eso bajará necesariamente la productividad, considerando además que la meta de una sociedad libre no es la abundancia material sino la plétora de bienes inmateriales y espirituales, en primer lugar la libertad.



         Un orden social postcapitalista no tiene como uno de sus fines la abundancia, y por tanto no necesita de tecnologías opresivas. Eso no debe llevar al rechazo absoluto de la técnica y los sistemas productivos complejos, pues éstos se dividen en intolerables, que deben ser eliminados, tolerables con reformas, a alterar en un sentido positivo, y aceptables más o menos tal como están. Por tanto, la fobia a la tecnología es inadecuada. Pero mucho peor es la creencia en que el futuro de la humanidad depende de esta u otra “revolución tecnológica”, pues la tecnología es un medio o instrumento que sirve a unos fines globales y se impregna irremediable de la naturaleza última de éstos.



         En lo inmediato hay que señalar que lo que multiplica el paro no es la supuestamente fabulosa capacidad de las tecnologías de la información (lo que Mason olvida demostrar porque es indemostrable, en general, una engañifa) sino la competencia entre los países. Por ejemplo, Alemania al ser más desarrollada se apropia de lo decisivo de la producción fabril, creando paro y subempleo estructural en los países más débiles de la UE.



         Lo único que está en condiciones de poner fin al desorden productivo que padecemos es la revolución, no la “liberación” de la tecnología creada el capitalismo. Mason crea falsas ilusiones con sus formulaciones mecanicistas, economicistas y deterministas, a fin de cuentas tecnófilas. Es la calidad de los seres humanos, y la calidad de las relaciones que establecen entre ellos, lo que determinará el futuro, muy por delante de la técnica y la productividad. Su “anticapitalismo”, como sucede con todos los de su credo ideológico, es una forma de mega-capitalismo. Al poner en el centro la abundancia material se hacen propagadores de lo más decisivo de la ideología burguesa. La tecnología del capital, por si misma, conserva, reproduce y fortalece el conjunto del sistema, al ser no sólo su efecto sino también su causa. Al mantenerla mantiene la totalidad. Esto suele suceder a quienes se “olvidan” de la revolución.

sábado, 20 de agosto de 2016

EN EL CUARTO ANIVERSARIO DE LA MATANZA DE MARIKANA (SUDÁFRICA)

         El 16 de agosto de 2012 la policía del Congreso Nacional Africano (CNA), el partido de Nelson Mandela (fallecido en 2013) en el gobierno, disparó contra una manifestación de mineros negros en huelga en las minas de platino de Marikana matando a 34 trabajadores. Policías negros y policías blancos dispararon codo con codo contra los mineros negros. Se rumoreó que la familia Mandela era accionista de la compañía explotadora…

         Tal sucedido es, con todo su dramatismo, una expresión más de la dura represión que padecen los trabajadores, principalmente negros pero también mestizos y blancos, en Sudáfrica a cargo del aparato del CNA. Éste accedió al gobierno en 1994, con la sustitución del espeluznante régimen de “apartheid” por la actual dictadura parlamentarista y partitocrática, lo que fue presentado como un acontecimiento prodigiosamente “emancipador”...

         Dos decenios después se ha constituido una riquísima gran burguesía negra con miles de individuos (a alguno se le atribuyen fortunas de unos 3.000 millones de dólares) y se ha consolidado una clase media negra de siete millones de personas. Unos 25 millones de trabajadores negros malviven en la opresión, la sobreexplotación y la pobreza. Estos efectúan casi cada día huelgas y motines, siendo reprimidos ferozmente por el gobierno negro del CNA, y muchos de esos sucesos quedan ocultos por la censura. Lo de Marikana sólo se diferencia de otros cientos de hechos similares que tienen lugar cada año por el número tan crecido de los muertos.

Esa nueva burguesía negra sigue usando el victimismo y el racismo antiblanco para justificar su sanguinario despotismo tanto como sus descomunales gastos suntuarios. Junto con la gran burguesía blanca son ahora los amos del país. También están impulsando el racismo étnico entre la población negra, enfrentando a unos sectores con otros. El partido de Mandela, supuestamente guía del “antirracismo”, está promoviendo con fines políticos todas las formas de racismo,  pues “divide y vencerás”.

Llamativo es que en los gobiernos del CNA estén el Partido Comunista y los sindicatos (COSATU) con diversas carteras ministeriales. La gran burguesía negra financia el poder sindical y el Partido Comunista. Otro rasgo de esta gran burguesía negra es su cruda misoginia, en la que el patriarcado y el neo-patriarcado se solapan y complementan. Así pues, la izquierda y los comunistas son parte de los gobiernos que ordenan ametrallar casi cada día a los trabajadores, principalmente negros, someten a las mujeres y azuzan todas las formas de racismo.

El desenmascaramiento del régimen parlamentarista emergido en 1994, del CNA y Nelson Mandela, es otro episodio de la puesta en evidencia del “antiimperialismo” y “antirracismo”, carentes desde sus orígenes de todo contenido revolucionario. Era radicalismo burgués, neo-racismo y nacionalismo burgués destinados a perpetuar y robustecer las existentes formas de dominación incorporando al poder y al dinero a nuevos actores políticos, en este caso la oligarquía negra surafricana. El actual régimen, nacido entonces, es una refundación del terrorífico Estado sudafricano y un relanzamiento del capitalismo. Cuando el “apartheid” manifestó ser contraproducente, negativo e inviable para la oligarquía sudafricana, Mandela y su gente participaron decisivamente en sustituirlo. Cambiaron las formas para que todo lo esencial permaneciese igual, o más exactamente, reforzado.

En el plano internacional Mandela y el CNA fueron un icono similar al del linaje de los Castro en Cuba, a Evo Morales en Bolivia, a Lula da Silva en Brasil y a Hugo Chávez en Venezuela. Aquí, la izquierda “independentista” del País Vasco y Cataluña, obstinadamente contraria a la revolución, aún sigue valiéndose de tales formulaciones para realizar una política tan antipopular, neo-patriarcal y reaccionaria como la de Mandela. Los hechos están erosionando de manera colosal dichas políticas, hoy sumidas en la confusión y el creciente descrédito, meras antiguallas. Es comprensible, pues todos los amigos de Mandela se dirigen a organizar su Marikana.

La realidad está mostrando que sólo hay antiimperialismo si se sustenta en un programa popular revolucionario, que únicamente éste es capaz de oponerse a todas las formas de racismo y no sólo a algunas, y que exclusivamente desde él puede realizarse la emancipación de los pueblos oprimidos. Tal es el ideario y el programa que tiene ante sí un excelente porvenir. Tal es el programa del futuro.

martes, 16 de agosto de 2016

¿TODO ES DIVERSIÓN?

        En reciente entrevista Rafael Sánchez Ferlosio censura un estilo de vida, el actual, en que a su entender “todo es diversión, El ocio es lo único”. Inicialmente, es apropiado, a pesar de los histriónicos modos de profeta del Antiguo Testamento de que se vale. Pero la cuestión tiene mucha más miga.

         Sánchez Ferlosio, nacido en 1927, es autor de “El Jarama” (que en 1955 recibe el premio Nadal) realización señera del “realismo social”, un ejemplo de la subliteratura del antifranquismo burgués. “El Jarama” es bazofia literaria, una ilegible nada estética, estilística y narrativa. Lo primero, por tanto, es sacarla de los manuales de historia de la literatura para situarla en donde debe estar, en el olvido.

         Sánchez Ferlosio es hijo de Rafael Sánchez Mazas, uno de los fundadores de la Falange, fascista ilustrado y redicho. Estas familias, como dijo Manuel Fraga en un momento de arrebato, fueron fascistas cuando había que serlo y “demócratas” (él no ponía comillas) cuando era apropiado. De ese modo, hoy aquí y mañana allí, han conseguido mantenerse siempre arriba. El “realismo social”, en tanto que política cultural de la izquierda burguesa, entonces en la semi-clandestinidad, va preparando la alternativa de recambio al franquismo, de donde proviene el régimen que hoy tenemos, regido por la Constitución de 1978. Éste resulta de la alianza entre el capitalismo y la izquierda, concretada en el pacto en la Transición entre Adolfo Suárez (franquista de toda la vida) y Santiago Carrillo (jefe vitalicio del Partido Comunista).

         El “realismo social” sustituye la literatura, en tanto que experiencia peculiar sobre las cuestiones decisivas de la condición humana, por la propaganda politiquera y el aleccionamiento partidista. Belleza, transcendencia y sublimidad son sustituidas por consignas pancistas y circunstanciales, inciviles y banales, cuya meta real es, a fin de cuentas, contribuir a ofrecer una salida al régimen franquista. Para tan deleznable propósito se violentó la noción misma de literatura con engendros como “El Jarama”.

        Sánchez Ferlosio, ahora rigurosísimo “intelectual crítico”, se ha embolsado múltiples prebendas y momios. Si en 1955 le recompensan con el Nadal en 2004 recibe el premio Cervantes, muy sustantivamente dotado. Pero esto es sólo una parte, pues ha ido agarrando casi todos los galardones más importantes de la literatura (o subliteratura) española, docenas de ellos.

Si nos preguntamos, ¿qué permanece hoy como valioso de lo hecho por dicho antifranquismo? tenemos que contestar que, en puridad, nada. Puesto que lo concebía todo como propaganda el resultado es desolador. Hoy no hay nada que recordar de lo hecho por él. Su esterilidad ha sido total.

         Este es el personaje. Pero en su denostación de la mentalidad hedonista prevaleciente tiene razón.

         Diversión, ocio… Si el trabajo asalariado es un tormento, vivir en las ciudades una pesadilla, ir a la universidad una tortura, relacionarse con los demás una quimera, comprender lo que está sucediendo a través de los medios de comunicación un imposible e imaginar el futuro una causa de dolor, ¿qué le queda al individuo hoy? Sólo la diversión, mientras no se decida por la revolución.

         Huir de la realidad, entontecerse con regocijos banales, embrutecerse con ocios pueriles, negarse a sí mismo, calmar la propia ansiedad y falta de sentido vivencial con drogas legales, drogas “ilegales” y alcohol, a la busca de “bienestar”. Mucha más por cuanto la izquierda, siempre burguesa y pro-capitalista, lleva decenios promoviendo el hedonismo, el felicismo (eudemonismo) y el epicureísmo. Ferlosio, literato de esa izquierda entregada al dinero y al Estado, por tanto, a la mentira, la propaganda y la demagogia, lo sabe bien. Su obra es también encomiástica de la patética vida de diversión, consumo y goces zoológicos que ahora de manera superficial y oportunista zahiere. Ciertamente, las cosas han llegado tan lejos en este terreno que hasta los más campanudos profetas del placerismo están cambiando de discurso.

         El afán gozador está triturando al sujeto, lo ha triturado ya, hasta hacer de él una criatura hiper-degradada, tan disfuncional que es ya incluso inapropiada para el sistema. Despojado por el hedonismo y epicureísmo, obligatorios e impuestos desde el poder, de su condición humana, reducido a ser nada que renuncia a ser persona para divertirse y gozar, el individuo actual se ha desplomado en el averno de los subhumano. Ya no hay seres humanos, sólo caricaturas que disfrutan. Pero, ¿disfrutan o agonizan?, ¿se divierten o se autodestruyen?, ¿ríen o lloran? Porque la depresión y la tristeza crónicas suelen ser la realización práctica de las teorías felicistas.

         En el libro “Seis Estudios”  dedico un capítulo al asunto, “Crítica de la noción de felicidad y repudio del hedonismo. La vida como esfuerzo”. A él me remito para los argumentos, las formulaciones y las propuestas. Los seres humanos, si desean ser libres o incluso si meramente desean ser, tienen que autoconstruirse con esfuerzo, con energía, con voluntad y con dolor, para adquirir vitalidad, grandeza, sabiduría, capacidad, aptitud para amar y alegría. Cada vida lleva indisolublemente incorporada una cantidad de sufrimiento, que todo ser humano tiene que admitir con entereza y además con júbilo, pues sólo a través de él y con él se puede llegar a ser persona.

         El hedonismo es mera barbarie institucional, agresión a la persona, disfuncionalidad vital, multiplicación del sufrimiento estéril. El epicureísmo es incluso peor, con su cobarde pánico al dolor, su obsesión enfermiza por la felicidad y su miserable renuncia a vivir por miedo a sufrir. La vida es hermosa y magnífica en su totalidad, también en lo que tiene de sufrimiento inevitable porque a través de él nos elevamos sobre nosotros mismos.

         El colocar el placer, el ocio y la diversión como metas, el hacer de la felicidad lo que pretendidamente nos realiza (para lo que incluso se ha inventado la noción de Felicidad Nacional Brutal, “otra forma de medir el bienestar” supuestamente en oposición al Producto Interior Bruto…) se arroja a la basura los valores, se niegan éstos de la forma más eficaz por taimada. Si lo que cuenta es el bienestar, como sinónimo de felicidad y epítome de una existencia entregada a gozar, ¿qué es de la convivencia, por tanto, del amor?, ¿dónde queda la libertad?, ¿y la verdad?, ¿y la virtud cívica y personal?, ¿y el bien moral?, ¿y la justicia?, ¿y la libertad de conciencia?, ¿y la voluntad como potencia agente del yo? ¿y la templanza?, ¿y el autodominio? En suma, ¿qué queda el ser humano una vez que aquello que le confiere consistencia resulta negado?

         La vandálica cháchara sobre felicidad, bienestar, disfrute y goce es un asalto en toda regla a la noción de una sociedad sustentada en valores y un individuo autoconstruido desde los valores. Es la nueva forma que adopta la deshumanización, el renovado odio a la libertad, el novísimo rostro de la manipulación y la mentira.

         Antes se dijo que el actual orden ha resultado de la alianza entre el capitalismo y la izquierda, y así es. Pero tras 40 años de tal coyunda la izquierda se está desintegrando, lo que la hace cada día más inadecuada para seguir en la vanguardia de la defensa del orden establecido. Su programa está agotado, no tiene discurso, carece de argumentos y es una nulidad propositiva pues sus fórmulas han sido negadas una y otra vez por la experiencia. No puede ir más allá de salir en televisión (en la caja tonta) a expeler promesas y más promesas, tan ínfimas, miserables e irreales que únicamente calan en los sectores más infantilizados y pánfilos.

         Ahora está llegando el momento de la derecha, sobre todo en el terreno intelectual. Con el Ferlosio senil está Arcadi Espada, el nuevo campeón del pensamiento carca renovado. Éste, y sus colegas (Juan Manuel de Prada, etc.), lo tienen fácil, porque la izquierda intelectualmente hoy es una miseria y una ruina. Esta derecha remozada, petulante, bravucona, ¿qué propone? Por ejemplo, está el alegato a favor de la verdad de Espada, cargado de erudición,  impresionante en una primera lectura. Pero, ¿cuál es o puede ser el lugar de la verdad en el actual orden, sustentado violentísimamente en el aleccionamiento, en la conculcación de la libertad de conciencia, en la mentira? Espada es un farsante.

         ¿La libertad política y civil? Los nuevos derechistas y extremo derechistas braman en pro de la libertad, pero el actual régimen político es una dictadura política, de manera que están entregados a un turbio quehacer, el embellecimiento de la actual tiranía, valiéndose de una abstracta y mendaz retórica “libertaria”. ¿La ética? En un orden donde el gran capital multinacional ha magnificado hasta el paroxismo el dinero no hay sitio para lo axiológico, el bien moral y la probidad. Por eso tales intelectuales se hacen turiferarios de la descomposición de la vida social, de la liquidación de la persona, del cinismo, la desvergüenza, la sinrazón hedonista y la inmoralidad. En suma, Juan Manuel de Prada es otro farsante, pues el actual sistema es estructuralmente inmoral. Únicamente el ideario revolucionario puede ser verazmente moral.

         Tal derecha intelectual no puede ser combatida desde la izquierda, porque ésta no dispone de argumentos ni de recursos intelectuales para ello, debido a que está en agonía tras cuatro decenios de ser la prostituta del capitalismo. Únicamente puede ser contestada y refutada, vencida, desde la revolución. La revolución si tiene, contra la izquierda y contra la derecha, un aparato argumental poderoso, y donde no lo tiene lo puede ir creando y lo va a ir creando, ya que su raíz es fecunda. Si hemos conseguido grandes logros poniendo en evidencia a la izquierda, siempre pro-capitalista, ahora vamos a hacer lo mismo con la derecha, igualmente pro-capitalista. Pero, hay que insistir en ello, quienes preocupados por el auge de la nueva caverna pretendan hacerla frente desde la izquierda se equivocan: ello únicamente es hacedero desde la revolución.

         Necesitamos una revolución axiológica y una revolución política, económica y social sustentada en valores pero no en intereses, siendo su suma una revolución integral. Frente a ello el hedonismo y felicismo de la izquierda y la derecha es la anti-revolución.