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martes, 8 de abril de 2014

14 de abril :LA REPÚBLICA DE LA TORTURA

14 de abril de 2014
LA REPÚBLICA DE LA TORTURA



Si anteriormente se calificó de “república del máuser” a la instituida por el capitalismo y el Estado español el 14 de abril de 1931 por el uso que los cuerpos policiales, sobre todo la guardia civil y guardia de asalto, hicieron de ese arma de guerra, el fusil máuser, contra las clases populares[1], ahora se analizará el uso masivo de la tortura por el régimen republicano español.
        
La tortura fue convertida por la segunda república en una manera habitual de tratar a las clases populares. En total unas 78.000 personas fueron torturadas de manera severa por ella, falleciendo por causa de ello unas 4.000, durante  el año posterior, que deben ser sumadas a las 3.900 víctimas de descargas policiales o ultimadas en aplicación de “la ley de fugas” (ejecución sumaria de detenidos alegando que habían sido alcanzados por disparos cuando “intentaban fugarse”).

Hay que señalar que del total de torturados graves por orden de los diversos gobiernos republicanos unas 16.000 debieron ser mujeres, de las cuales en torno a 800 fallecieron al año siguiente por el daño físico y psíquico recibido. Es imposible saber cuántas padecieron sevicias sexuales, aunque el número de violaciones, al parecer, fue muy reducido.
        
Esto es coherente con lo que fue la II república española. Fue construida según el modelo de la III república francesa (1870-1940) que tuvo entre sus ejecutorias la represión en 1871 de la Comuna de París, con 25.000 muertos, el aplastamiento cotidiano de los movimientos populares y proletarios en sus 70 años de existencia (incluido el periodo del Frente Popular francés, 1935-1938, tristemente célebre por la matanza de Clichy) y la ejecución sobre el terreno en 1917 de cientos, o acaso miles, de soldados antimilitaristas franceses en el marco de la I Guerra Mundial.
        
La II república la trae el ejército español (éste sobre todo), la guardia civil, la oligarquía terrateniente (Niceto Alcalá-Zamora, presidente del gobierno provisional de la republica, era un terrateniente y cacique cordobés), el alto clero (Miguel Maura, el “enérgico” ministro de gobernación del gobierno provisional de la república, era un católico integrista) y la gran patronal. Todas las organizaciones del gran capital presentaron su adhesión solemne a la II republica española, de la que esperaban realizara una represión enérgica de las clases trabajadoras, como había hecho la III republica francesa. En particular, la gran burguesía terratenientes deseaba que el régimen republicano metiera en cintura a las gentes de la ruralidad.
        
Mientras la partitocracia republicana y de izquierda, subsidiada por el Estado y la banca, loaba con los mayores ditirambos al régimen del 14 de abril, las clases trabajadoras urbanas, y sobre todo, rurales, se alzaban contra ella. La reacción de la II república fue de una gran dureza. Por ejemplo, en el verano de 1931 los muertos en Sevilla y su provincia se contaron por decenas. La guardia civil disparaba sin tregua, y además el nuevo régimen estaba creando la guardia de asalto (hoy policía nacional), autora de la matanza de Casas Viejas (Cádiz) en enero de 1933.

El incremento del número de policías fue tan elevado y brusco con la II republica que ésta debe ser calificada de Estado policial. Tal fue acompañado de la promulgación de normas legales ultra-represivas como la Ley de Defensa de la Republica, 1931, y la Ley de Orden Público, 1933, ésta última hecha luego suya por el franquismo hasta 1959.
        
Los tres momentos álgidos de la represión republicana fueron 1933, bajo el gobierno de izquierda, republicano-socialista; el otoño de 1934 con el gobierno derechista de la CEDA y los meses de los gobiernos de Frente Popular, entre el 16 de febrero de 1936 y el estallido de la guerra civil. Muy probablemente cuando se usó de la tortura de la manera más masiva y extendida fue con estos últimos, siendo el Frente Popular en el gobierno el que más casos de tortura ordenó o permitió, más bien lo primero que lo segundo.
        
En los textos y el lenguaje de la época las torturas suelen aparecer como “palizas” o “maltratos”. Se propinaban en las comisarías de policía (terrible celebridad gozó la jefatura de policía de Barcelona, donde fue habitual que los detenidos por “delitos” políticos y sociales fueran torturados, muriendo algunos de ellos), en los cuarteles del ejército (el régimen republicano usó en varias ocasiones al ejército para “mantener el orden público”, incluso con despliegue de artillería y aviación) pero sobre todo en los cuartelillos de la guardia civil.
        
Dado que los gobiernos republicanos negaban por principio la existencia de torturas, el poder judicial apenas nunca admitía denuncias de aquéllas y las clases populares rehusaban, en general, las fórmulas leguleyas para defenderse de tan terrible práctica, no existen datos oficiales. Por el contrario, en biografías y memorias de la época son una realidad cotidiana, aunque sin cuantificar. Se debe, en consecuencia, hacer la investigación acudiendo a procedimientos indirectos.
        
Sobre todo en la primavera y principios de verano de 1936 menudean por todas partes los ataques a la guardia civil y a sus cuartelillos. Del estudio de varios de ellos se puede concluir que en la gran mayoría de los casos la causa inmediata fueron las torturas. Tales ataques, que llegaron a ser casi cotidianos entre abril y julio de 1936, eran la respuesta de las gentes del lugar a episodios previos de torturas.
        
Un caso ilustrativo es el de Yeste (Albacete) en mayo de 1936. Al afirmarse la lucha del vecindario para recuperar unas tierras comunales expoliadas por el Estado 19 años antes y luego vendidas a un terrateniente anticlerical y republicano, la guardia civil, cumpliendo órdenes verbales (telefónicas) del gobernador frentepopulista de Albacete, realiza detenciones de jóvenes de la localidad, que son llevados al cuartelillo y torturados. Todo ello ocasiona un estado general de ira irreprimible hacia la guardia civil que lleva a un enfrentamiento a gran escala entre los vecinos y dicho cuerpo represivo el 29 de mayo, durante todo un día. A resultas del cual 17 vecinos pierden la vida quedando casi 100 heridos de bala, mientras en el otro bando muere un guardia civil y 9 son heridos de importancia. Los días posteriores al 29 de mayo fueron de terror desencadenado en Yeste.
        
Si se estudia lo acecido en esos meses sin prejuicios políticos, lo primero que llama la atención son los numerosos ataques a la guardia civil en los medios rurales. Ésta, en muchas zonas, comienza a patrullar de tres en tres, en vez de la habitual “pareja”, e incluso se encierra a la defensiva en sus cuarteles. Los ataques toman la forma de tiroteos y actuación de francotiradores, colocación o lanzamiento de artefactos, concentración de cientos de vecinos con escopetas y fusiles de caza para realizar descargas, asaltos súbitos y también cercos mantenidos incluso durante varios días. En la mayoría de los casos podemos estar seguros que la causa previa era uno o varios episodios de torturas graves o muy graves, infligidas por la guardia civil a vecinos o vecinas de la localidad.
        
La lista de las poblaciones en las que hubo duelos violentísimos, generalmente con muertos o heridos de bala, entre las gentes modestas y los cuerpos represivos a las órdenes del gobierno de Frente Popular es larga. Dado que dicho gobierno instituyó la censura previa de prensa y radio (una práctica dictatorial), reconstruir todo lo que sucedió en los meses anteriores a la guerra civil es casi imposible. Pero tenemos datos parciales. Hubo choques sangrientos, a menudo con ataques a los cuartelillos, en Grajal de Campos (León), Guadamur (Alicante), Consuegra (Toledo), Liérganes (Cantabria), Pobladura de Aliste (Zamora); Escarabajosa (Ávila), Gallarta (Vizcaya), Zaratán (Valladolid), Guadamur (Alicante), Bonete (Albacete), Escalona (Toledo), Palenciana (Córdoba) y muchos lugares más. Inmenso fue el caso de Tocina (Sevilla) donde el pueblo unido ataca y rodea el cuartelillo de la guardia civil, dando muerte a 4 guardias de los 7 que eran, tras mantener el cerco durante 13 días.
        
Una vez que el gobierno de Frente Popular de 1936 decidió valerse de formas extremas de violencia anti-popular, en las que la tortura ocupaba un lugar preferente, a las clases populares no les quedaba más alternativa que defenderse con la acción insurgente. Lo mismo había hecho el gobierno republicano-socialista en 1931-1933 y el gobierno derechista republicano en 1934-1935.
        
La responsabilidad de la conversión de la tortura en un medio habitual de gobierno político de las clases populares fue, en primer lugar, de los gobernantes y partidos republicanos y frentepopulistas, que daban las órdenes correspondientes a los cuerpos represivos. Que jamás admitieran las denuncias populares por sevicias y maltratos y que apenas nunca tomaran medidas contra torturadores les pone en evidencia. No estamos pues, salvo alguna excepción, ante “excesos policiales”. En segundo lugar la responsabilidad era de los mismos cuerpos represivos. Hay que tener en cuenta que una sociedad libre y democrática no puede tener cuerpos policiales especializados, pues el mantenimiento del orden público ha de ser tarea del pueblo en su totalidad, hombres y mujeres adultos. Donde hay un aparato policial hay violencia, muertes y torturas, inevitablemente. Y no hay libertad para el pueblo.
        
La segunda república, 1931-1936, fue un Estado policial tan perentorio que ni siquiera eliminó el carácter militar de la guardia civil, reduciéndola a policía civil. Este hecho equivale a la militarización del orden público, lo que niega que el régimen republicano sea ni siquiera un sistema parlamentarista y de libertades formales homologable. Fue, más bien, el antecedente del franquismo.
        
También son responsables de las torturas infringidas por los gobiernos de Frente Popular (Front d’Esquerres en Cataluña y el País Valenciano) los partidos que formaron parte de la coalición electoral, y quienes sin entrar en dicha coalición solicitaron el voto para ella. Entre los primeros IR de Azaña, UR, ERC, PSOE, ANV, POUM, PCE y otros. Asimismo es responsable la facción de CNT encabezada por B. Durruti, dado que este jefe anarquista solicitó públicamente el voto para el Frente Popular.
        
Un dato a retener es que si, por un lado, los partidos y sindicatos “obreros” se agruparon en o apoyaron al Frente Popular, por otro, el gran capital le otorgó un respaldo notorio y solemne. Por ejemplo, el 11 de marzo de 1936 el Consejo Superior Bancario visitó al presidente del gobierno del Frente Popular, Manuel Azaña, para manifestarle la “adhesión plena de la Banca” a su persona y cargo. Eso evidencia qué fue el Frente Popular (reedición ampliada del gobierno republicano-socialista de 1931-1933), la alianza de la izquierda y una parte notable del anarcosindicalismo con el gran capital contra las clases trabajadoras. De todo eso surgió el régimen de torturas, ése fue el fundamento de la republica de la tortura.




[1] El número total de personas muertas en acciones represivas contra manifestaciones, huelgas, ocupaciones, protestas, etc., por los cuerpos represivos republicanos entre el 14 de abril de 1931 y el 17 de julio de 1936 está en torno a 3.900 personas, casi todas ellas de las clases modestas. Los heridos graves de bala cuantificables serían unos 13.500, en realidad una cifra varias veces superior, pues bastantes de ello evitaban ser atendidos por los médicos, eligiendo la vía de la auto-curación, para no ser detenidos y torturados. De unas y otras una quinta parte fueron mujeres, que resultaron duramente reprimidas por el régimen republicano.

domingo, 9 de marzo de 2014

“INTELIGENCIA ERÓTICA” Esther Perel


Perel, psicoterapeuta y sexóloga belga, efectúa interesantes formulaciones sobre el erotismo en este libro, de 2006. Una parte es dramática, la que se refiere a la crisis que atraviesa esta decisiva experiencia humana, hecha de amor y sexualidad; otra enuncia formulaciones de mucho interés reflexivo y práctico, y finalmente una tercera que es trivial, vacía y prescindible. Son las dos primeras las que hacen de él un texto a leer y reflexionar.

Comienza constatando “una disminución del deseo”, llegando a especular con “la ineludible muerte del Eros”. En esta interpretación pesimista del presente y más aún del futuro del erotismo coincida con otras ensayistas y pensadoras, Anna Clark y Carol G. Wells. Dice bastante de cómo están las cosas que sean mayoritariamente mujeres las que están denunciando la actual hecatombe de lo erótico, por tanto, de lo amoroso y lo sexual. Esto pueda ser explicado porque son ellas, las féminas, las más dañadas por la deserotización en curso.
        
Perel explica la disminución e incluso la pérdida del impulso libidinal citando, como causas, la vida de sobre-trabajo y el consumo de antidepresivos para aliviar el estrés, dos factores particularmente presentes en las mujeres. Hay más causas, políticas, económicas, convivenciales, emocionales y aleccionadoras. Entre éstas últimas cabe citar las campañas del Ministerio de Igualdad y el movimiento feminicida por él financiado contra el erotismo heterosexual, lo que ha hecho de ellos la principal fuente de gazmoñería y la primera fuerza organizada dedicada hoy a la represión de la sexualidad, en particular de la femenina.
        
Perel falla en algo decisivo, a pesar de sus méritos. No comprende que si se constata una grave disminución del deseo erótico es porque estamos sometidos a una campaña, organizada desde el poder para aniquilar el Eros heterosexual.
        
Esto no es nuevo. Ya se hizo en el siglo XIX, con el ascenso del patriarcado. En la era victoriana las mujeres de las clases medias y altas europeas fueron sometidas a unas constricciones tales de su libido y vida amorosa que una parte de ellas acabó contrayendo graves dolencias físicas y psíquicas. Es el gran descubrimiento de Freud, que la represión de los impulsos sexuales y amatorios daña, enloquece, enferma, sobre todo a las féminas. Ahora, con el ascenso del neo-patriarcado padecemos una nueva gran ofensiva contra la libertad erótica, esta vez en nombre de “la liberación de la mujer”, que tiene por propósito aniquilar la vida emocional, relacional y amatoria de las mujeres, para hacer de ellas robots entregados a la clase empresarial, que vivan para el trabajo asalariado y no se ocupen ni preocupen de nada más.
        
La fabricación en serie de esa mujer hiper-productiva, esclava del capitalismo, deshumanizada y desfeminizada, entregada al consumo y al dinero, exige su deserotización. Y también la deserotización de los varones, para que cooperen con su completa inhibición en la degradación de la mujer a mano de obra, una criatura ya no humana que reduce su existencia producir y consumir. A este ente monstruoso el Ministerio de Igualdad y sus agentes le denominan “mujer liberada”.
        
Las consecuencias son similares, aunque peores, que las provocadas por la represión del sexo en la era victoriana. Los robots con apariencia de mujeres hoy puestos a punto padecen todavía más enfermedades físicas y psíquicas que las féminas victimas del patriarcado. En particular ocho: depresión crónica, soledad patológica, ataques de pánico, nueva frigidez de masas, infelicidad emocional, frustración del impulso maternal, impulsos suicidas persistentes y desintegración corporal. El neo-patriarcado es feminicida de un modo múltiple, pues para hacer de la mujer un mero factor de producción la está aniquilando como soma y como psique.

En consecuencia, la lucha por la libertad erótica, amorosa y sexual, es una de las grandes tareas del siglo XXI. Son las mujeres las que deben con más fuerza combatir a quienes valiéndose de todo tipo de argucias, desde colosales campañas publicitarias a leyes aberrantes, operaciones de ingeniera social, chantaje emocional y desvergonzada demagogia, están empeñadas en culminar el feminicidio, financiados por el ente estatal y la clase empresarial.
        
El libro de Perel es útil para ello. Con sorprendente capacidad analítica señala que si bien entre el amor y el deseo hay coincidencias también se da el conflicto, de tal modo que un “exceso” del primero puede hacer que el segundo decaiga y pierda intensidad. Por eso rechaza, en una frase feliz que transmite una enorme sabiduría práctica, “la democracia en el dormitorio”, arguyendo el igualitarismo no es consustancial a lo erótico, al ser éste expresión de la totalidad de lo humano particularizado en cada sujeto, hombre y mujer, lo que incluye pulsiones tenebrosas, deseos tortuosos, anhelo de lo terrible, emergencia de lo indecoroso y fantasías a veces bestiales. En él se expresa la parte oscura, reprimida y auto-reprimida, de lo humano: así es y así debe ser.
        
El Eros, viene a decir, tiene sus propias normas, y no puede regirse por una traslación a su mundo de lo que es pertinente en otras prácticas humanas. La irreprimible realidad de las parafilias (otrora denominadas perversiones sexuales) y el formidable universo de las fantasías eróticas, particularmente activas en las féminas, demanda que la vida libidinal del ser humano sea comprendida y vivida en su particularidad y concreción.
        
Rompe valientemente Perel con diversos estereotipos, como que las mujeres desean amor y los hombres sexo, o que los impulsos de sumisión sean más comunes en las féminas que en los varones. Aduce que la realidad a menudo es justamente la opuesta.
        
Advierte que muchísimas féminas desean alcanzar, en el erotismo práctico, “éxtasis desenfrenados” y que eso no siempre es posible con varones demasiado “correctos”, que no diferencian la convivencia cotidiana de las prácticas eróticas, en las que ha de mandar el furor, la irracionalidad y la locura del apetito, del impulso, del deseo. Convertir el amor y el deseo en una unidad de contrarios es todo un hallazgo epistemológico de esta autora, que ofrece la clave para comprender una buena parte de la vida amatoria humana.
        
El erotismo, por un lado, es fusión amorosa, eliminación de las barreras interpersonales, unificación de los cuerpos y las almas, emoción profundísima por abandonar la soledad propia del sujeto en el día a día. Eso quiere decir que es amor. Por otro lado es ansia ciega de posesión, afán de dominio, batallar de los cuerpos, explosión de lo más oscuro, salvaje egotismo, dolor que se autoniega, fantasías que pugnan por realizarse avergonzando a quienes las albergan. Eso quiere decir que es sexo, sexo humano.
        
Lamenta la autora la actual “inseguridad masculina”, que enfría el deseo femenino y contribuye a la tarea, demandada por el poder constituido, de desexualización general de la vida humana en las sociedades de la hiper-modernidad. La castración psíquica del varón va unida a la castración múltiple de la mujer. En su experiencia clínica Perel ha constatado que muchas mujeres esperan que los varones sean “más decididos y menos respetuosos” en el erotismo práctico. Éste es un consejo que contribuirá a encender el deseo en la totalidad del cuerpo social, para constituir una sociedad erotizada, esto es, re-humanizada, pues la destrucción del Eros es parte de la devastación de lo humano, de la constitución de los seres nada de la modernidad.
        
Falla Perel, empero, al aseverar que en el erotismo y el sexo “el placer es la única meta”. No. La experiencia erótica, como todas las que son esenciales en lo humano, es de naturaleza inefable e indecible, al realizar nuestra condición en su desconcertante complejidad. Asignarla el placer como meta es rebajarla, frivolizarla y mancillarla, es contribuir de facto a que la crisis de lo erótico, tan grave, se mantenga. El placer es sólo parte, parte secundaria.
        
Haciendo un siempre fallido, a fin de cuentas, esfuerzo de definición y concreción, podemos decir que el obrar erótico satisface deseos humanos muy profundos, de fusión total con el otro al mismo tiempo que de pugna con él, lo que es comprensible dada la bipartición natural de nuestra esencia. Ser como habitualmente no somos, y estar de un modo que no es el común en compañía es lo que la experiencia amatoria proporciona. Un modo de autolimitar el propio erotismo es asignarle fines hedonistas y placeristas en vez de los que le son inherentes, sublimes, misteriosos, maravillosos, mágicos y trascendentes.
        
Para terminar, Perel no se atreve a entrar en el análisis de la forma superior del erotismo, el creador de vida. La aterradora presión de la biopolítica propia de las sociedades que han realizado plenamente el capitalismo se lo veda y prohíbe de una manera no sólo imperiosa sino también amenazante. Sería castigada por el poder constituido si transgrediera el tabú de que en las sociedades “ricas” europeas las necesidades demográficas se cubren con los inmigrantes, mucho más baratos, que con nacimientos desde la población autóctona. Por eso a las mujeres se les arrebata las delicias de la maternidad y los varones las satisfacciones de la paternidad. El interés del capital ha de prevalecer siempre, cómo no. Y dado que la mano de obra es una mercancía, hay que traerla (o hacer que venga) de donde resulte más económica. Esta operación mercantil es velada con verborrea sobre el “racismo”, el “humanitarismo”, etc.
        
Porque detrás de la deserotización, de la manipulación destructiva del cuerpo de las mujeres, de la castración psíquica de los varones y del neo-patriarcado todo están, en definitiva, las leyes del mercado, además de los intereses del Estado. ¿Alguien lo duda?
        
Tenemos que alzarnos multitudinariamente contra quienes pretenden castrarnos y deshumanizarnos, para crear una nueva sociedad y un nuevo ser humano en la que el erotismo, el amor y el sexo sean libres y autodeterminados a partir de lo que cada cual es. No pueden establecerse normas generales ni reglas universalmente válidas para lo que en esencia es vivencia individual concreta no sometida a más determinaciones que las que acuerden darse quienes participan, como sujetos libres y responsables, en las prácticas amatorias.

jueves, 20 de febrero de 2014

CATALUNYA. DOS MOMENTS



En la complicada conjuntura que travessa Catalunya, convé anar aportant dades i elements de judici.


Primer Moment: Consell obert de 1937


         “La Segona República i la guerra civil a Mollet del Vallès”, de M. Angels Suárez i González (Barcelona 2000), un treball sobre història local ben construït, explica que després de la derrota en quasi tot Catalunya de la rebel·lió militar feixista al juliol de 1936, es van anar constituint en barris i pobles els Comitès, òrgans de poder dels partits i sindicats agrupats en el Front d'Esquerres (nom que pren en bona part dels Països Catalans el “Frente Popular”). A Mollet del Vallès es forma un consistori municipal amb 22 conselleries, majoritàriament de ERC i CNT-FAI.

         Fins aquí res d'interès. Els partits i sindicats d'esquerra van anar fent-se amb nou poder, aliè al poble, que era al mateix temps poder polític, sustentat en la capacitat coercitiva que els atorgaven els grups armats constituïts en el seu si, i poder econòmic, doncs dirigien la vida econòmica de cada localitat. Foren el nou Estat i el nou capitalisme d'Estat (a vegades amb presència del capitalisme privat) el que va substituir al vell Estat espanyol i al vell capitalisme. Amb tot això la revolució popular espontània de les primeres setmanes posteriors als dies 19-20 de juliol acaba en una desfeta...

         Però el veïnat de Mollet no admet submisament als nous governants, provinents de l'oligarquia partitocràtica de l'esquerra i el sindicalisme. Hi ha resistència, hi ha crítiques. No volen que un grupet de 22 persones, que ni tan sols respon davant del veïnat, sinó davant les prefectures dels seus respectius partits o sindicats, i davant la reconstituïda Generalitat, mani sobre ells. La situació va fent-se tensa fins que al juliol de 1937 el mateix ajuntament es veu forçat a admetre el que el veïnat li estava demanant, passar a funcionar en “règim de Consell Obert”, que es reuniria el primer i tercer dijous de cada mes. Tal ordre polític es va mantenir, sembla, fins el moment de l'entrada de l'exèrcit franquista a Mollet, el 27 de gener de 1939.        

         Certament, l'esmentat consell obert no va ser una assemblea/xarxa local d'assemblees sobiranes, sinó més bé un apèndix dels caps polítics i sindicals que s'havien apoderat de Mollet, una caixa de ressonància de la institució municipal. Però, amb tot, va significar un retorn, encara que només fos bastant parcial, al més pur de la història política de la Catalunya popular.

         En efecte, a les portes mateixes de Barcelona, i no en algun remot lloc del Pirineu, el veïnat escolleix i imposa auto-governar-se amb procediments assemblearis i, a més, denomina a aquell sistema, democràtic i revolucionari al mateix temps, amb l'expressió tradicional: Consell Obert, recuperant tradicions mil·lenàries. 

         Mil·lenari? Si. Més enllà de les falsificacions de la història fetes per la burgesia nacionalista catalana i l'Estat espanyol, ambdós coincidents amb la tasca de furtar al poble català el seu passat, està la realitat del règim assembleari tradicional català, estudiat per Font Rius, Orduña, Rebollo, i varis erudits més. Per exemple, en el Berguedà, està la meravellosa església de Sant Quirze de Pedret, segles IX i X, que té un banc corregut de pedra en el seu interior, com tantes altres d'aquells segles, perquè era utilitzada també per a realitzar encontres i assemblees populars. Allà hi ha una prova.
         Quant els veïns de Mollet del Vallès rebutgen la dictadura partitocràtica al 1937 i exigeixen que es retorni al sistema assembleari de participació i presa de decisions propi de Catalunya, estan avançant en una doble direcció, cap al passat i cap al futur, que ha de ser lliure, autodeterminat i assembleari. Amb això van unir tradició i revolució, per crear una Catalunya sobirana que sigui fidel a les seves arrels. Allò es va desfer finalment, és cert, però roman com a lliçó viva de la història catalana.

         Avui, contràriament, els qui fan discursos sense treva sobre “independència”, són parlamentaristes i partitocràtics, repudiant el règim de Consell Obert, el que significa que es proposen imposar una nova forma de dictadura política al poble català, justament la seva, la dels partits “independentistes” convertits en una nova oligarquia.
        
        
Segon Moment: El gran capital “català”, és espanyol

         La gran patronal “catalana” ha parlat: no recolzarà el suposat projecte per recuperar la sobirania nacional catalana que tiren endavant CiU, ERC i altres. El gran capital “català” està per “la unidad de España”. Ja ho van dir els empresaris estrangers que inverteixen a Catalunya i ara ho repeteix la patronal “catalana”, amb el president de La Caixa, Isidre Fainé, al front. Es comprèn que així sigui doncs pels processos de concentració i globalització del capital, avui no existeix un gran capital “català”. Per exemple, La Caixa assoleix quasi el 65% dels seus beneficis fora de Catalunya. Fa molt que totes les grans patronals ibèriques es van fusionar entre sí, formant un capitalisme que és espanyol perquè es sustenta en un Estat, l'espanyol.

         Això vol dir que el necessari procés d'alliberament nacional de Catalunya ha de ser, per la lògica de les noves estructures econòmiques, anticapitalista. I la primera pregunta és: què pinten en tot això partits que defensen el capitalisme amb ungles i dents, com CiU i ERC?

         El cas d'ERC és el més cridaner. Practica un nacionalisme molt acalorat, declarant-se “independentista” i al mateix temps resulta ser... partidari del capitalisme. Llegint els seus texts programàtics, la naturalesa pro-capitalista d'ERC és evident, el que està en oposició amb el seu pretès “independentisme”, donat que el gran capital “català” és espanyol i s'oposa a qualsevol procés d'alliberament nacional, el que fa que aquest, si es seriós, si no és demagògia, ha de ser part d'una revolució anticapitalista.

         Mentre existeixi el capitalisme, Catalunya serà obligada per ell a ser una part dels territoris sotmesos a l'Estat espanyol, al no tenir llibertat ni sobirania en tant que comunitat humana diferenciada i singular, amb llengua, història, cultura i maneres de ser pròpies. En conseqüència, els qui defensen el capitalisme, com és el cas d'ERC, son “independentistes” de paraula però defensors de la situació actual de fet, o sigui, de l'opressió de Catalunya. El seu esperit burgès i pro-capitalista els impedeix ser independentistes sense cometes.

         L'experiència ho mostra: l'alliberament nacional de Catalunya només pot tenir lloc en el marc d'una revolució anticapitalista integral que, al desmantellar al capitalisme espanyol i “català” pugui crear les condicions econòmiques i socials mínimes per a que el poble català sigui sobirà i s'autodetermini en un règim d'autogovern per assemblees.

Els qui neguen que el procés real d'alliberament de Catalunya exigeix una revolució integral anticapitalista, és perquè no volen veure la realitat. No n'hi ha prou amb anar a manifestacions i cridar “independència”, penjar banderes estelades a les finestres, exigir una “consulta popular” i formar cadenes humanes: s'ha de considerar que únicament  un gran canvi revolucionari pot atorgar a Catalunya la llibertat nacional.
        
         La farsa muntada per la maquiavèl·lica partitocràcia de la Generalitat, sobretot per CiU i ERC, per millor servir als seus interessos i als de l'Estat espanyol amb lo del referèndum de novembre, és una operació política dirigida contra el poble català, per a destruir la seva capacitat de resistència i lluita, a l'encaminar-lo a un estat de decepció, confusió i desmobilització com mai abans ha patit. La via a la “independència” que ells proposen no pot conduir a res ni pot assolir res.

         A l'ocultar les imprescindibles condicions econòmiques, socials i polítiques en què ha de realitzar-se l'alliberament nacional de Catalunya, CiU i ERC estan enganyant d'una manera molt cruel al poble català, al proporcionar-li la il·lusió d'una victòria fàcil i còmode que mai tindrà lloc, i d'on sortirà una decepció enorme, que ocasionarà una desmobilització gegantina en quant l'engany sigui evident, aviat ja.
        
         Per tant, s'ha de reforçar l'explicació de que la pre-condició de l'alliberament nacional de Catalunya és una societat catalana alliberada del capitalisme. Explicar això és una molt urgent tasca avui. A ella haurien de sumar-se els qui es senten independentistes, que han de fer-se, per a ser-ho de manera conseqüent, revolucionaris anticapitalistes i defensors d'una Catalunya auto-governada en Consell Obert, que és el programa que proposem els partidaris de la revolució integral. Els qui es fotografien amb Mas i Junqueras, aquells que trenquen la íntima relació objectiva existent entre alliberament nacional i revolució integral, encara estan a temps de rectificar. Si no ho fan, si no presenten una autocrítica per haver-se convertit en col·laboradors del parell CiU-ERC, es faran cor-responsables de la maniobra en curs i hauran de respondre per això en el futur, ben aviat en realitat.

        
         Félix Rodrigo Mora – 19/2/2014


lunes, 10 de febrero de 2014

16 DE FEBRERO DE 2014. EL FRENTE POPULAR 78 AÑOS DESPUES



                                         Campesinos asesinados en la sublevación de Yeste 1936

El 16 de febrero se cumplen 78 años del triunfo electoral del Frente Popular, ese mismo día de 1936. Su programa, fue suscrito por los partidos republicanos y de izquierda. El POUM, además del PSOE, PCE y UGT, se sumó a la coalición. CNT no lo hizo y llamó tímida y equívocamente a la abstención. Durruti solicitó a los trabajadores que votaran al Frente Popular, lo que es un ejemplo de mentalidad anarco-socialdemócrata, confirmada en la guerra civil con la participación de cuatro ministros libertarios en el gobierno del Frente Popular presidido por Largo Caballero, así como en otros muchos organismos gubernamentales y estatales republicanos.

En Cataluña y el País Valenciano a aquella coalición electoral se la denominó Front d’Esquerres, lo que es más exacto.

El gabinete del Frente Popular estuvo presidido por Manuel Azaña, de Izquierda Republicana, y formado por ministros de esta formación y de Unión Republicana. Los partidos “obreros” apoyaban desde fuera. Su programa era burgués-estatal, con una única clausula tangible, la amnistía para los casi 30.000 presos políticos y sociales existentes, lo que necesariamente tendría que haber hecho cualquier gobierno.

El régimen del Frente Popular fue una repetición del cruento bienio 1931-1933, también con Azaña (responsable de la matanza de Casas Viejas, en 1933) como jefe. Su objetivo era mantener y proteger el capitalismo y el poder de los terratenientes, o gran burguesía agraria. Por eso el 11-3-1936 el pleno del Consejo Superior Bancario se entrevistó con aquél para notificarle la “adhesión plena de la Banca” al régimen frentepopulista.  Dicho de otro modo: por un lado la banca y por otro los partidos y sindicatos “obreros” dieron respaldo al Frente Popular.

En marzo arreciaron las ocupaciones de fincas en Extremadura, que el gobierno de Frente Popular tuvo que aceptar, a la espera de una situación favorable para ajustar las cuentas a la rural gente. En total se hicieron con tierras unos 120.000 campesinos, aunque cada uno logró una extensión muy insuficiente, sin recursos financieros anejos y quedando sometido a la tutela del IRA (Instituto de Reforma Agraria), el organismo del capitalismo de Estado para el agro creado por la II república (1931-1939) a fin de aplicar la intolerable Ley de Reforma Agraria de 1932. Se ha dicho que aquellos campesinos eran “siervos” del IRA, que gobernaba sus vidas y les explotaba.

El gobierno de Frente Popular se centró en la tarea que el gran capital y el aparato estatal le había asignado: romper el ascenso de los movimientos populares por una mezcla de demagogia y violencia institucional.

Igual que había sucedido con el gobierno republicano-socialista en 1931-1933, se fueron sucediendo las matanzas de trabajadores, especialmente en los medios rurales. La guardia civil, o guardia de asalto, cumpliendo órdenes del gobierno del Frente Popular, mata a 4 trabajadores y deja heridos a otros 4 en Escalona (Toledo); en Granada hay 2 muertos y varios heridos; en Palenciana (Córdoba) 4 muertos; en Jumilla (Murcia) 1 muerto; en Logroño 4 muertos, etc., etc., etc. La peor es la matanza de Yeste (Albacete), el 29-5-1936, en la que el gobierno del Frente Popular manda a la guardia civil dar un escarmiento a los campesinos que habían recuperado el comunal, ocasionando 17 muertos y casi 100 heridos de bala.

 Dado que el gobierno frentepopulista implantó la censura previa de prensa y radio no se conoce más que una parte pequeña de las carnicerías perpetradas por él, que fueron muchas más de las que puedan hoy citarse[1]. Y, ¿qué ha de pensarse de un gobierno que primero tortura, hiere y mata y luego impide que se sepa?

La matanza de Yeste fue el gran acto intimidatorio realizado por el Frente Popular para frenar las luchas campesinas y populares. Ante ella, los partidos y sindicatos “obreros” (la nueva burguesía que pugnaba por hacerse un sitio en la trama del poder, dominio y dinero) hicieron lo imposible por ocultar los hechos, tergiversar el obrar del vecindario de Yeste y justificar el actuar del gobierno, ignominias en las que destacó el PCE. Aquéllos se manifestaron como fuerzas al servicio de la clase terrateniente. Ninguno retiró su apoyo al gobierno a pesar de las carnicerías en curso, ni tampoco denunció o combatió éstas.

En las ciudades, los trabajadores realizan movilizaciones muy combativas contra el bloque formado por la patronal, el gobierno del Frente Popular y los partidos de izquierda. Fue porfiada la huelga de la construcción en Madrid, que movilizó a 80.000 trabajadores durante semanas, así como varias de Cataluña y otros territorios.

En los meses de abril a junio el ascenso de las acciones e intervenciones populares fue formando una situación en la que la patronal y el Estado se vieron obligados a retroceder y a ponerse a la defensiva. En diversos lugares el control y dominio que antes tenían sobre las gentes empezó a resquebrajarse. Maduraban las condiciones para alcanzar una situación que podría elevarse a revolucionaria debido a que ya lo era de poder dual o doble (pueblo/pueblos frente a Estado/patronal) en rápido desarrollo. Dicho de otro modo, el Frente Popular había fracasado en la tarea que el capital y el Estado le habían asignado, cortar el ascenso de las luchas y hacer que las clases trabajadoras se sometieran. Por eso a partir de junio el capital retiró su apoyo al Frente Popular para dárselo a la conspiración militar fascista.

En las condiciones de 1936 la cuestión principal, en lo político y social, era la revolución. Pero los partidos “obreros” (burguesía de Estado en realidad) arguyeron que se trataba de “detener” al fascismo desde la defensa del parlamentarismo y de la república burguesa-estatal de 1931. Esto les llevó a las filas de la reacción, a respaldar en la calle y la prensa las atrocidades represivas perpetradas por el gobierno del Frente Popular. Dicho “antifascismo” es mero pro-capitalismo.

De ese modo contribuyeron a ahogar el desarrollo y maduración de la revolución popular. Por un lado, los falangistas tiroteaban a los trabajadores, por otro, los aparatos policiales a las órdenes del Frente Popular hacían lo mismo. Pillados entre dos fuegos, los proletarios del campo y la ciudad padecieron una primavera sangrienta, la de 1936.

Esto favoreció el auge del fascismo. Un cierto número de personas poco preparadas políticamente, al comprobar que todos los partidos y sindicatos “obreros” otorgaban respaldo a un gobierno opresor, pro-capitalista y criminal, el del Frente Popular, se dejaron atrapar por la demagogia “anticapitalista” falangista, creyendo que éste era el único movimiento “revolucionario” en activo.

Iniciada la guerra los llamamientos de los frentepopulistas al pueblo para que se uniera a ellos contra el alzamiento militar sólo podían tener una credibilidad y respuesta limitadas. En efecto, quienes formaban parte del Frente Popular, los mismos que habían encarcelado, torturado y matado a la gente común, se dirigían ahora a “las masas” en petición de ayuda contra los militares. Pero las victimas de hacía unas semanas, a veces de sólo unos días, difícilmente se podían unir con sus verdugos. Eso privó de la suficiente base popular al antifascismo republicano y frentepopulista, siendo causa política fundamental de que los militares fascistas ganaran la guerra.

Por tanto, el Frente Popular fue no sólo anti-revolucionario sino también “antifascista”, o sea, antifascista de palabra y favorable al triunfo del fascismo de facto.

En cualquier situación en que las gentes modestas se pongan en marcha y hagan frente al Estado habrá, tarde o temprano, una reacción violenta de éste. Esa era la situación en 1936, y las alternativas posibles eran la revolución popular o la intervención militar. Ya no había espacio para el parlamentarismo, de manera que el Frente Popular se quedó con la opción imposible. Por ello, primero fue verdugo de las clases populares, después víctima del fascismo militar y siempre favorecedor de hecho del ascenso del fascismo, o sea, “antifascista” de pega. Eso les sucede a todos los que, ayer y hoy, se dicen antifascistas pero no hacen suya la idea seminal de revolución.




[1] El Frente Popular francés, muy parecido al español, también se significó por su talante represivo. En Clichy ordenó a la policía disolver una manifestación de trabajadores, ocasionando 6 muertos y 200 heridos. Poco después el gobierno de Frente Popular, desacreditado, cayó sin pena ni gloria.

miércoles, 5 de febrero de 2014

EROS Y REVOLUCIÓN



En 1954 Herbert Marcuse, el ideólogo de la contestación de los años 60, el movimiento estudiantil y el mayo francés, publica “Eros y civilización”, un libro bastante influyente hace décadas aunque hoy olvidado. Su contenido recoge el esencialismo abstracto, ahistórico, especulativo, asocial y reduccionista de las teorías freudianas, mezcladas con el espíritu socialdemócrata (marxista) de la escuela de Frankfurt.
        
Arguye que existe una contradicción antagónica entre erotismo y civilización, dado que ésta reprime el instinto libidinal. Poco hay de nuevo en ello pues Marcuse repite los contenidos de “El malestar en la cultura”, de S. Freud, 1930, salpimentándolo con jerga marxiana. Para ellos, toda civilización es represiva, todo trabajo negativo y todo orden social mutilador, lo que resulta disparatado.
        
Hay una “solución” pero no está en la realidad. Es la utopía. Marcuse diseña una sociedad ideal –celestial, o sea, neoclerical- cuyo centro es la diversión, el juego, la fiesta, el hedonismo. Tampoco aquí es original, pues copia a “Homo ludens”,  de J. Huizinga, 1938, y a Aristipo de Cirene, el gozador griego. Está tan cegado por sus dogmatismos que de facto refrenda la distopía de A. Huxley en “Un mundo feliz”, un orden totalitario y deshumanizado donde el placer es obligatorio. Marcuse es seguidor del “pensamiento crítico” de la escuela de Frankfurt pero ante el hedonismo burgués es crédulo y acrítico…
        
Esa sociedad del juego y la diversión que Marcuse diseña es tediosa, carca, pueril, frívola y entontecedora. Sólo los hippies la aguantan, y muy a duras penas. Sin esfuerzo y lucha no hay vida, y cuando todo se desvaloriza para “ser feliz” lo que se consigue es la peor de las infelicidades, la que resulta de la ausencia de ser.

A pesar de ello, Marcuse, igual que Freud, tienen algo positivo, el haber puesto sobre la mesa, como material de reflexión, el sexo y su represión institucional en la sociedad victoriana.
        
Muestra una gran verdad, hoy ocultada, que la represión del eros se realiza para dirigir la energía libidinal hacia fines “prácticos”, en primer lugar, el trabajo asalariado, productor de plusvalía para la burguesía. Y advierte que la represión del eros enferma a los seres humanos, en especial a las mujeres. Esto queda avalado por la situación actual en que la atroz compulsión que se ejerce sobre las féminas para que se entreguen en cuerpo y alma al trabajo asalariado es causa primera de feminicidio, todo para que el capitalismo incremente colosalmente sus beneficios.
        
Lo cierto es que no se observa contradicción antagónica entre eros y civilización en general pero sí entre eros y sociedad burguesa-estatal. Aquélla es hoy más aguda que nunca, por la violación psíquica de las masas (en especial de las femeninas) para que se extenúen en la producción, donde supuestamente ¡se “liberan”! Eso nos ha situado en una etapa de franca desintegración del erotismo y el sexo.
        
Pero el eros tiene más significados. Llama la atención que Marcuse en “Razón y revolución”, 1941, diserte sobre las potencialidades emancipadoras del saber cierto, en tanto que logro de la razón[1], pero ignora que el erotismo no solamente contrarresta y obstaculiza al capitalismo sino que es componente de una nueva sociedad emancipada. Y, también, componente de los elementos ideológicos, consuetudinarios y organizativos de las fuerzas sociales que han de realizar la liquidación del capitalismo, también antes de que ésta sea realizada.
        
Para la revolución se necesita muchísimo más que la razón, que el conocimiento cierto, que proyectos y programas político-económicos. Se requiere de una comunidad popular integrada, vertebrada, autoorganizada y estructurada por un gran número de vínculos convivenciales y relacionales. Esto necesita de la cosmovisión del afecto, el mutuo servicio y el amor en actos.
        
El afecto no es sólo ni principalmente afectividad, un mero estado psíquico. Tiene que ser actos, obras del amor. Y debe convertirse en hábito. Sin resistir, denunciar y negar la sociedad actual, o infierno convivencial, no hay transformación social. Porque sí la unión hace la fuerza el afecto contribuye decisivamente a realizar la unión, socializando al sujeto. Y sólo el sujeto socializado es revolucionario.
        
La actual sociedad de seres atomizados, que se ignoran los unos a los otros, que no se tratan o lo hacen superficialmente, que no están unidos por muy numerosos y sólidos lazos de mutuo servicio, tareas comunes, devoción efusiva, apego en actos y emocionalidad compartida, no puede realizar el cambio revolucionario, es más, ni siquiera puede efectuar apenas nada que exija del obrar colectivo, de la unión y la organización.
        
La guerra de todos contra todos y la exacerbación del conflicto interpersonal sólo benefician a los dominadores y son por ellos promovidas de mil maneras[2]. Por eso la existencia hermanada, la mutua comprensión y la vida colectiva son hoy valores revolucionarios. Primero porque construyen al sujeto como ser humano, y segundo porque van creando el sustrato social, emocional, espiritual, erótico, convivencial y organizativo del que saldrá la revolución total, integral, que se necesita.
        
En vez de una vida competitiva necesitamos una vida cooperativa. En lugar de una existencia destinada a realizar la voluntad de poder[3], política, económica, cultural, tecnológica o de cualquier tipo, necesitamos una cosmovisión del servicio de unos seres humanos a otros.
        
El capitalismo-Estado desaparecerá por la acción conjunta y compenetrada de la gente común dirigida a crear una sociedad de la asistencia y la ayuda mutua. En consecuencia, la persona y la sociedad han de reconstruirse desde el amor, repudiando el hábito del odio a los iguales, buscando lo colectivo, escapando de la cárcel del yo, abriéndose al otro y haciéndose apto para el servicio desinteresado[4]. Si el capitalismo es la sociedad del interés particular, un orden liberado de su tiranía ha de ser, necesariamente, la del desinterés. Por tanto, la construcción del sujeto desinteresado, o ser que ama, es parte preponderante en la autoconstrucción del sujeto.
        
El erotismo es una fuerza unitiva, que atrae a los seres humanos entre sí, que busca la compañía y se realiza en lo común. Por eso es también perseguido por el orden actual, en particular el erotismo heterosexual. El sistema de dominación quiere crear un monstruo, el sujeto solitario, ella o él, sin afectos ni relaciones, un ser-máquina como el proyectado por La Mettrie, en suma, mera unidad anónima de la fuerza laboral al servicio del capital.
        
Se ha dicho que no puede haber comunalismo sin “espíritu de comunalidad”, lo que es exacto. Dicho espíritu se crea paso a paso a partir del repudio de la sociedad infierno convivencial en todos sus componentes: el desprecio de lo humano y del ser humano, el rencor mutuo, la falta de capacidad para convivir y estar juntos, para llevarse bien y cooperar, para saber ceder, saber tolerar y saber comprender, sirviéndose los unos a los otros por y con afecto. Esto es una revolución en el estilo de vida y en los valores, una gran mutación axiológica, un cambio transcendental que creará una nueva humanidad y un nuevo ser humano, siempre que vaya unida al resto de las transformaciones que constituyen el programa de la revolución integral.

Dado que el erotismo es una experiencia colectiva, de la que resulta un “nosotros”, no tiene sitio en la sociedad actual donde el dominado y explotado ha de estar solo, enfrentado con todos y aislado, a fin de que su dominación y explotación sea máxima.
        
El sujeto deserotizado actual es útil al orden constituido porque concentra todas sus energías en la producción, porque es egotista, asocial e incapaz de amar y porque al hacerse con todo ello un enfermo del cuerpo y el espíritu se degrada a consumidor compulsivo. Por eso el colapso, promovido desde arriba, de las expresiones concretas del erotismo es parte decisiva del actual orden.
        
En la sociedad victoriana lo erótico era reprimido de un modo y ahora lo es de otro, mucho más eficaz. Freud puso al descubierto los efectos devastadores que eso tenía sobre el sujeto, en especial sobre la mujer, pero nadie se atreve a decir la verdad sobre esta materia en el presente, cuando el eros está mucho más proscrito y excluida de la vida de la gente común que antaño.
        
La “revolución sexual” de los años 60 del siglo pasado prometió crear una sociedad libre para lo libidinal, pero sus efectos reales han sido justamente los opuestos. Al reducir al erotismo a sexo, y al simplificar, frivolizar y banalizar éste, lo que ha ocasionado es un colapso de lo erótico, que es un trastorno bastante grave de la afectividad, la convivencia y lo relacional en general.
        
El sexo mecánico y deshumanizado, cuantitativo y sin afectos, ramplón y banal, sin deseo ni apasionamiento ni sublimidad, supuestamente higiénico y sanativo, sin espiritualidad ni responsabilidad ni calidad, ajeno siempre a la creación vida y en todo sometido a las exigencias de la biopolítica, enseñado (impuesto) en las escuelas y contenido en los manuales de sexología, que tiene su origen en libros como “La función del orgasmo”, 1927, de W. Reich, es muy insatisfactorio y perfectamente prescindible. Por eso ahora observamos una retirada multitudinaria de lo erótico, una y otra vez calificado de “aburrido” en los estudios sociológicos de campo.
        
Esa lúgubre situación está siendo aprovechada para la demonización institucional del erotismo heterosexual, como hace la Ley de Violencia de Género. Quienes justifican, defienden e imponen dicha Ley forman el peor de los grupos perseguidores en el presente de lo erótico, libidinal y sexual. Son los nuevos mojigatos y pudibundos, los novísimos represores, ellos y ellas. Al destruir la vida emocional y afectiva de, sobre todo, las mujeres son agentes primeros de feminicidio.
        
El ser nada de la modernidad es una criatura a la que se priva del erotismo. En esto su existencia también se nulifica y nadifica. A la vez, al existir en la forma de una criatura tan degradada, dislocada y mutilada, en realidad posthumana, ya no es capaz de experimentar lo erótico y ni siquiera de desearlo, imaginarlo o añorarlo, al ser inhábil para amar. Como mucho, desde el poder se le consiente el tener sexo, por lo general en sus expresiones más penosas y degradadas.
        
Hay que insistir en que los seres humanos poseen necesidades espirituales y no sólo materiales. Si aquéllas no se satisfacen se produce una frustración, carencia e insatisfacción profundísima que ocasiona enfermedades de la psique, desde la neurosis a la depresión, y graves dolencias del cuerpo. El erotismo, por su propia naturaleza, incorpora elementos espirituales y fisiológicos, al ser una experiencia en la que se implica la totalidad de lo humano, por lo que su represión daña a la persona y daña al cuerpo social. Una sociedad sana no es posible si el erotismo heterosexual es denostado, denigrado, infamado, vilipendiado y perseguido por minorías vociferantes que cobran del ministerio de Igualdad y de las organizaciones patronales. Tales minorías, que son una nueva extrema derecha en tanto que policía del erotismo, el amor y el sexo, deben ser denunciadas y resistidas.
        
Ha llegado el momento de realizar un triple esfuerzo. Para afirmar como meta de un gran cambio social, digno de ser calificado de revolución, la construcción de una sociedad convivencial, la única que puede ser sin jerarquías y sin clases explotadoras. Para construir un sujeto capaz de vivir en la generosidad, la sublimidad y la grandeza de miras, al haber renunciado al egotismo y el interés particular por conversión interior a la cosmovisión del afecto. Para conquistar la libertad erótica, a fin de que nadie enferme por la represión de sus necesidades libidinales.



[1] Dicho así es embellecer el libro pues sus contenidos son recusables. Marcuse admite la categoría de razón de Hegel, que es especulativa y no experiencial, por tanto incapaz de suministrar verdades dignas de tal nombre y por eso estéril en la acción. Llama la atención el fideísmo de Marcuse, que sigue a Hegel en sus dislates, incluida la fe en un estadio final de la historia, en una sociedad ideal, lo que es negar la dialéctica en su meollo, que Hegel afirma defender y desarrollar en “Ciencia de la lógica”. Porque, lograda una sociedad perfecta, por tanto, sin opuestos y sin contradicciones, ¿dónde queda la dialéctica? Alcanzada aquélla, ¿no cesaría todo avance por el automovimiento dimanante de la lucha de los opuestos? Hegel, y su poco creativo discípulo Marcuse, por no hablar de Marx, dicen defender la lógica dialéctica para de inmediato negarla, pasándose a la metafísica. En eso les siguen los vendedores de utopías sociales. Todos se manifiestan como adeptos de esa variante de filosofía burguesa, pero sobre todo errada, que es el racionalismo. La contradicción es universal, por lo que la lucha es y será eterna. No hay ni habrá nunca sociedades perfectas, paraísos terrenales, reinos de Jauja. Ni habrá nunca seres humanos perfectos, pues somos y siempre seremos bipartidos, esto es, contradictorios, por tanto imperfectos. Y sólo podemos perfeccionarnos en lucha sin fin contra nuestras imperfecciones, contra nuestro mal interior.

[2] Uno de los politólogos más incisivos y refinados, Alexis de Tocqueville, en “La democracia en América” establece una relación de causa a efecto entre tiranía política y desamor, señalando que todos los tiranos promueven el enfrentamiento entre los dominados, para sentirse seguros con el desencuentro y aborrecimiento de todos a todos. Quien no comprenda esto no puede operar con voluntad revolucionaria en la sociedad actual.

[3] El libro de Nietzsche “La voluntad de poder” es la negación del colectivismo porque es la afirmación de un individualismo agresor, matonil y asocial. No busca construir un sujeto de calidad, con fortaleza, inteligencia, coraje, sociabilidad y autoconfianza desde sí sino desde la protección del Estado, tarea además imposible. En Nietzsche el yo es yo-Estado, de diversos modos: como yo que se dirige a dominar a los otros, erigiéndose en ente estatal, y como yo que sólo puede realizarse desde el Estado. Por eso su individualismo es el propio del militante nazi, el matón de cervecería o taberna, el policía o el torturador. La individualidad construida desde la ideología nietzscheana es incompatible con todo colectivismo, al producir un sujeto agresor por hábito de sus iguales, y un asocial, que perturba y daña cualquier forma de vida colectiva popular, al concebir su libertad no con los otros sino contra los otros. Quienes dicen tener un ideal colectivista y se delectan con Nietzsche manifiestan padecer un estado de enorme confusión mental. Al mismo tiempo este ideólogo, al llevar a sus creyentes a una situación vivencial de interminables conflictos interpersonales y de insociabilidad militante, les hace ininteligentes y torpes (por habituarse a esperarlo todo del ejercicio de la coacción sobre el otro), por tanto, débiles, inermes e impotentes, dañándoles sustantivamente como personas. Además, si al yo-Estado le falta el Estado no le queda nada, lo que sucede cuando quien de ese modo se concibe es miembro de las clases populares, o sea, sujeto sin poder. El credo nietzscheano es visceralmente hostil al erotismo porque es la negación más acalorada del amor. Lo suyo es el sexo de burdel y otras horripilancias similares, y en el menos malo de los casos el autoerotismo, inseparable del desventurado sujeto, ella o él, insociable y solitario de la modernidad.

[4] Quienes sigue aferrados a la interpretación economicista, productivista y tecnológica de la historia y del cambio social, que se expresa también en la obra de Marcuse, sobre todo en “El final de la utopía”, deberían reflexionar sobre el notable número de casos que han dado un rotundo mentís a aquélla, desde la Unión Soviética a, hoy, China. El desarrollo de las fuerzas productivas y de la tecnología no lleva a una sociedad sin clases sino a un mega-capitalismo en ascenso. Es el desarrollo de la calidad de los seres humanos, también su calidad afectiva y convivencial manifestada en actos, la que liquidará al capitalismo, no el auge de los objetos técnicos y la riqueza material.