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miércoles, 11 de octubre de 2017

LA ESPANTADA DEL “INDEPENDENTISMO”

        Como era previsible, Carles Puigdemont ha vuelto a decir nones, aplazando la instauración de la “República Catalana”, burguesa y empresarial, estatista y policial, por tanto catalana sólo en apariencia. Ello ha llevado a alguna formación “radical” a tildar su actuación de “traición inadmisible”. Pero, traición ¿a quién?, ¿a su clase social?, ¿a Cataluña? Su ejecutoria como alcalde de Girona manifestó el servilismo de aquél hacia la gran banca. Por tanto, ha obrado en consecuencia. El análisis que hice en el articulo “Cataluña por su liberación”, editado el 30 de setiembre, ha sido confirmado por los acontecimientos.

         La llamada “fuga de empresas” de Cataluña, operación dirigida por el presidente de CaixaBank, Isidre Fainé i Casas, y el presidente del Banco Sabadell, Josep Oliu i Creus, no es tanto una cuestión económica (sus efectos en este terreno son escasos) como una provocadora expresión política e ideológica de que el gran capitalismo financiero “catalán” está categóricamente en contra de la independencia. Bajo su dirección todas las empresas “catalanas” del Ibex 35, que juntas cotizan en bolsa unos 80.000 millones de euros, han ido abandonando sus sedes en Cataluña.

La conclusión es incontestable: mientras exista el régimen del gran capitalismo el pueblo catalán no podrá alcanzar la libertad. Únicamente una Cataluña popular, comunal, revolucionaria, liberada de la tiranía de la gran empresa mundializadora (ahora española), puede ser una Cataluña soberana y autodeterminada. La lección acerca de cuál es realmente la situación ha sido formidable, desmontando las formulaciones del nacionalismo burgués decimonónico tanto como del “anticolonialismo” del siglo pasado.

Hoy, en el siglo XXI, la liberación nacional de Cataluña no puede separarse de una propuesta revolucionaria integral. Es parte de la revolución: ésta es el todo y aquélla una de sus componentes.

Lo mismo cabe argüir en lo referente al Estado. El “referendo” del 1-0 desencadenó la represión del Estado español, mostrando que existe y puede intervenir, provocando cientos de heridos. El aparato judicial actúa contra el pueblo catalán y el ejército español acecha en la sombra, todo ello con la anuencia hipócrita (dice lamentar la represión a la vez que la justifica) de la UE. La conclusión es que tiene que haber un proceso de desarticulación del Estado español, y de resquebrajamiento, cuando menos, de la Unión Europea, para que Cataluña recupere su ser. Sin una revolución popular peninsular y europea Cataluña seguirá siendo una nación sometida: así de severa es la realidad e ignorarla de nada sirve.

En suma, la liberación nacional es un quehacer bastante más complejo, arriesgado, largo y exigente que el fácil, instantáneo y cómodo introducir una papeleta que diga SI en una urna. Los caminos fáciles no llevan lejos.

La Generalitat no es el pueblo catalán sino su negación. Aparece en el siglo XIV (se suele fechar su constitución como tal en el año 1359) para dar expresión en el territorio de Cataluña del poder de la monarquía aragonesa. Surge para arrinconar a las instituciones que realmente eran el meollo del pueblo catalán desde su formación como tal en el siglo VIII, el consell obert (concejo abierto) local y comarcal, el derecho consuetudinario, el comunal (decisivo en la Cataluña popular), el armamento general del pueblo y los sistemas de trabajo libre asociado con ayuda mutua. Desde sus orígenes la Generalitat ha sido señorial y real, dirigida a contrarrestar primero y luego a extinguir los logros de la revolución de la Alta Edad Media, que crea a Cataluña.

Hoy la Generalitat es una herramienta de la casta partitocrática de Barcelona, que la utiliza para sus periódicas trapisondas y embelecos con Madrid. La última el “procés”, con el supuesto referendo del 1-0 y la jactanciosamente anunciada pero finalmente abortiva “declaración de independencia” posterior. La ley fundacional de la republica catalana, por señalar un asunto cardinal, mantiene y da por buena la ley de política lingüística promulgada por la Generalitat de 1998, por la cual la lengua catalana se ha ido hundiendo y desintegrando. Porque el idioma catalán es la víctima principal del catalanismo burgués y el “independentismo” partitocrático, al hacer de él asunto institucional y no patrimonio vivo del pueblo.

El continuismo en la cuestión de la lengua entre el régimen autonómico y la supuesta república catalana “independiente” prueba que ésta es la última máscara del Estatut de 2006, en tanto que legislación española para Cataluña. En definitiva, la pugna actual entre la Generalitat y el gobierno de Madrid es una reyerta entre España en Barcelona y España en Madrid. España contra España pero unidas, la una y la otra, contra Cataluña y contra el catalán.

¿Pero, qué se puede esperar de una casta politiquera como la de la Generalitat, que ha impuesto recortes sociales extensos, numerosos y muy dolorosos, que ha creado un profuso funcionariado “independentista” centrado en llenarse los bolsillos, que ha reprimido violentamente a los trabajadores catalanes un sinfín de veces y que tiene por fundador a un corrupto descomunal, Jordi Pujol, que ha creado, en efecto, la república bananera de Cataluña, con su escudero Artur Mas? Dicha casta ha acumulado un poder inmenso, que le ha sido otorgado por el gobierno español para controlar política e ideológicamente al pueblo catalán. Y de él se ha servido para urdir el montaje “independentista”, dirigido a exigir a Madrid más poder y más numerario para sí.

¿Qué se puede esperar de ERC, entregada al capitalismo, corrupta, y cuya única habilidad es servirse de una demagogia sin limitaciones para sus negocios mil? Desde sus orígenes es un partido español para catalanes, lo que oculta con periódicas arrancadas de un catalanismo “feroz”, que se hace “independentista” cuando conviene pero que jamás perturba al Estado español, del que vive económicamente…

Para quienes de buena fe han creído, e incluso creen todavía, en el “procés”, el mensaje que se desprende de los hechos es irrefutable: la estrategia seguida está equivocada, es un callejón sin salida, y sólo puede llevar a la decepción y desmovilización por decenios del pueblo, lo que será catastrófico. Por la vía institucional no se llega a ninguna parte. Hay que formular una nueva estrategia, popular y revolucionaria, que parta de lo que Cataluña ha sido en sus mejores momentos, adecuándolo al siglo XXI. La idea guía, la piedra angular, es que sin revolución no puede haber soberanía popular y sin ésta no es posible la soberanía nacional.

domingo, 1 de octubre de 2017

CATALUÑA POR SU LIBERACIÓN

         Es comprensible que los catalanes estén furiosos. Su historia ha sido y sigue siendo tergiversada y falsificada, su cultura negada y la lengua catalana año tras año retrocede frente al castellano y al inglés, sin olvidar al árabe, impuesto por el clero musulmán teofascista introducido masivamente con aviesas intenciones en el país por la Generalitat. Se puede calcular en qué año -no lejano- el catalán será, si continúa la situación política actual, una lengua tan minoritaria en Cataluña que ya no sea posible su recuperación. Las decisiones sobre las cuestiones básicas que afectan al pueblo catalán se toman en Madrid, y la judicatura tanto como los Mossos d’Esquadra obedecer al gobierno español. El ejército en Cataluña es el ejército español, del mismo modo que el gran capitalismo es todo él español, quedando como catalán la mediana empresa y los autónomos. Barcelona, la gran urbe parasitaria y ecocida, aplasta y saquea a la Cataluña provinciana y rural. Las directrices de la Unión Europea, en todas las materias, son decisivamente aculturadoras y desnacionalizadoras. EEUU, o sea, el imperialismo yanki, sostiene que Cataluña es “parte de España”.

         ¿Cómo se ha llegado a esa situación? El Estatut de Autonomía es la causa. Impuesto tras el franquismo convirtió la lengua en elemento institucional, esto es, dependiente del Estado español, arrebatándoselo al pueblo. Con ello la lengua catalana pasó a ser pertenencia y patrimonio de una masa bienintencionada pero irreflexiva (y por ello aún más funesta) de profesores y enseñantes pagados por la Generalitat, es decir, por el Estado español en Cataluña. De ese modo dejó de ser lo que había sido desde los siglos VIII-IX, cuando se creó, patrimonio de las clases populares. Igual sucedió con la cultura, la historia, la axiología y la idiosincrasia, que fueron expropiadas a la gente común para quedar en manos de funcionarios y neo-funcionarios, supuestamente “catalanes” al trabajar para la Generalitat pero realmente españoles de facto, al cobrar del gobierno de Madrid.

         La consecuencia de todo ello fue un salto adelante formidable de la desnacionalización y aculturación. Las gentes de Cataluña comenzaron a dejar de considerar como propia, como suya, su cultura, cosmovisión, lengua e historia, pues se sentían postergadas y suplantadas por la masa de funcionarios, excelentemente remunerados, de la Generalitat, el Parlament y los partidos “nacionalistas” e “independentistas”. Éstos eran los nuevos agentes del poder español en Cataluña, que ocultaban su verdadera naturaleza con una exhibición tan ruidosa como hipócrita de un catalanismo de opereta, meramente parlanchín y gritón, que escondía su naturaleza real, de agentes políticos e ideológicos españoles.

         Al mismo tiempo, la Generalitad y los nacionalistas catalanes (en realidad nacionalistas españoles travestidos) llevaron adelante una política de explotación inexorable de las clases populares, con recortes en los servicios, pensiones y prestaciones, bajada de salarios, escasas posibilidades de hallar un trabajo remunerador para la gente joven, cruel persecución de la maternidad, introducción masiva de inmigrantes para bajar los salarios, etc. Esto llevó a las grandes movilizaciones del 15-M en el verano de 2011 contra el Govern y la Generalitat, que fueron reprimidas con furia por los Mossos, la policía española en Cataluña, siguiendo órdenes del verdugo por antonomasia del pueblo catalán en ese tiempo, Artur Mas, hoy convertido en patrañero icono del “independentismo”.

         Recuérdese, sí, que en junio de 2011 el 15-M lanzó la propuesta de “rodea el Parlament” para condenar sus políticas antisociales, lo que fue contestado por los jefes del “independentismo” actual con una inclemente ola represiva que dejó cientos de heridos y docenas de detenidos, algunos de los cuales recibieron luego duras penas de cárcel y fuertes multas.

         Los Mossos, ahora presentados como la ejemplar policía de la futura República Catalana, es el cuerpo represivo español que año tras año acumula más denuncias por malos tratos y torturas. Los Mossos son la encarnación más temible del Estado policial presente/futuro, destinado a defender contra las clases asalariadas al capitalismo mundializador español, pues en Cataluña no existe hoy un gran capitalismo catalán, al haberse fusionado el que hubo antaño con el español. Una muestra entre cientos, o entre miles, de las atrocidades de los Mossos es el caso Esther Quintana, mujer a la que aquéllos reventaron un ojo, dejándola tuerta, en la represión de una manifestación callejera en 2012 en Barcelona. Y lo hicieron impunemente, pues los acusados de ello resultaron absueltos, como sucede casi siempre con el vandalismo policial de los Mossos.

         La liberación de Cataluña, si es real, si es algo más que verborrea a cargo de quienes se enriquecen con la “industria del independentismo”, que emplea a unos 20.000 parásitos, tiene que realizarse como expropiación sin indemnización de la gran empresa y la gran banca, ambas españolas, creando con ellas un sector autogestionado comunal y popular al servicio del bien general. No pueden ser creídos los “independentistas” que olvidan la liberación económica de Cataluña, lo que exige extinguir la presencia del empresariado español en ella. Cuando callan tenazmente sobre el significado económico de la emancipación manifiestan que son “independentistas” de pega.

         Una futura República Catalana o es comunal y revolucionaria, autogestionada y popular, o es la nueva máscara de la dominación de España, en tanto que opresión económica, empresarial, bancaria y financiera. Así pues, la revolución económica y social es parte necesaria e imprescindible del proceso de liberación nacional. Éste no puede darse “primero”, para “más adelante” realizar la revolución, sino que aquélla es parte integrante, por la naturaleza misma de la estructura social básica en el siglo XXI, de la revolución. Sin ésta no hay, porque no puede haber, liberación nacional. Por eso los que están a favor del capitalismo (todos los partidos y formaciones del Parlament) son por ello mismo españolistas de facto, aunque organicen ingeniosas y multitudinarias representaciones teatrales como el “referéndum” del 1-0. Éste es uno más de sus interminables chalaneos con Madrid (llevan haciéndolo un siglo), sustentados en el principio de escenificar tandas sucesivas de tira y afloja para llenarse mejor los bolsillos.

         Su negocio consiste en amenazar cada cierto tiempo con que se “independizan” sin independizarse jamás, pues de hacerlo perderían la fuente de sus formidables emolumentos, privilegios y momios, que reside en Madrid. Y el gobierno español está interesado en que este juego continúe porque el nacionalismo burgués y partitocrático realiza el control político e ideológico de las masas en Cataluña con perfección, garantizando la paz social y la buena marcha de la acumulación y concentración del capital.

         Ahora insinúan que va a “declarar unilateralmente la independencia” tras el 1-0. Bien, pero eso, si ha de ser algo más que una bravuconada sin efectos en la vida de la gente, si se ha de convertir en algo real y operativo, tiene que concretarse en la expulsión del ejército español de Cataluña, en arrojar a la guardia civil al sur del Ebro, en desarticular el aparato judicial español allí operante, en desmontar el sistema tributario de Madrid en los cuatro territorios y, también, en extinguir a los Mossos d’Esquadra, en tanto que feroz policía española. O los “independentistas” hacen todo ello o se ponen en evidencia como meros demagogos.

En tales circunstancias, si eso aconteciera, el pueblo catalán habría de aprovechar dicha coyuntura para valerse del vacío de poder creado y alzarse en revolución, conquistando la soberanía popular, que es el fundamento y sustancia de la soberanía nacional. Ésta han de utilizarla para constituir un régimen de poder popular autoorganizado en asambleas soberanas, con armamento general del pueblo (como se hizo en Cataluña tras la derrota del alzamiento militar y al mismo tiempo del Estado republicano español en julio de 1936), justicia popular a partir del derecho consuetudinario y expropiación sin indemnización del gran capitalismo español operante en Barcelona. Eso sería la revolución, eso y no otra cosa. Sobre la base del régimen popular-nacional así conquistado y estatuido se ejercería el derecho de Autodeterminación, en tanto que consulta popular libre acerca del tipo de relaciones que Cataluña desea mantener con los demás pueblos europeos.

Pero la perspectiva no sólo de una revolución sino incluso de un limitado alzamiento popular como el protagonizado por el 15-M en el verano de 2011 causa temor en el “independentismo” partitocrático y burgués. Hasta el punto de que el recuerdo de lo que sucedió (Artur Mas y dos docenas de jerarcas nacionalistas en una ocasión tuvieron que entrar al Parlament en helicóptero, al haber el pueblo de Barcelona cercado a aquél) les lleva a desear la permanencia de la policía y el ejército español en Cataluña, para que les proteja de las clases populares. Sus intereses clasistas hacen que jamás se atreverá dicho “independentismo” a plantear en serio, con actos y no sólo con palabritas, la liberación nacional. Lo suyo ha sido, es y será amagar y no dar.

Quienes desean, de buena fe, repetir en Cataluña los procesos descolonizadores posteriores a la II Guerra Mundial han de comprender que las circunstancias son otras, además de que tales operaciones, dirigidas desde EEUU, no dieron la independencia política a los pueblos sino que simplemente cambiaron su forma de subordinación y sometimiento, del colonialismo al neocolonialismo, habiendo resultado éste incluso peor en muchas ocasiones. El procedimiento de aplicar el derecho de Autodeterminación sin previa conquista de la soberanía popular-nacional es la artimaña de que se han valido los imperialismos para perpetuar su dominio. Lo mismo ahora en Cataluña. Hoy en ésta no existe la soberanía popular, dándose un régimen parlamentarista que es una forma de dictadura política. Y la Generalitat no es ni ha sido nunca ni nunca será la representación del pueblo de Cataluña sino un régimen oligárquico y señorial antaño y hoy un apéndice del orden político-jurídico español.

Cataluña sólo será libre cuando lo sea su pueblo. Y eso demanda un orden político de autogobierno popular por asambleas soberanas, que culmine en una estructura de abajo a arriba partiendo de las asambleas municipales, desde donde se crearían los organismos comarcales, con los portavoces de los concejos abiertos locales (de pueblo, barrio, etc.), los cuales a su vez se unificarían en un organismo para toda Cataluña. Eso existió en los siglos VIII-XIII, siendo entonces el poder condal una estructura sobre todo decorativa, con muy escaso poder efectivo.  Por cierto, todo eso ha sido ocultado y falsificado por la burguesía catalana nacionalista, así como por sus herederos los prebostes partitocráticos que ahora vociferan demandando la “independencia”… De ese modo manifiestan su falta de respeto y amor por Cataluña, negando lo mejor y más genuino, lo más épico y magnífico, de su historia. Al obrar de ese modo se convierten en los “botiflers” más impertinentes.

Asimismo, esa burguesía nacional ha ocultado durante muchos años, y por desgracia con gran éxito, la determinante importancia que en el pasado tuvo en Cataluña el comunal, la propiedad colectiva de los principales medios de producción. Dicha tropelía aculturadora y españolista llegó tan lejos que convirtieron a Cataluña en una anomalía en Europa, al presentarla como el único país en que, supuestamente, no existía ni había existido comunal… algo ridículo y aberrante. Esto manifiesta que dicha burguesía y partitocracia se atreven a todo, a falsificar y engañar conforme a sus intereses de clase, careciendo de respeto por el pueblo catalán.

Más grave es aún que la responsabilidad principal de la decadencia y retracción de la lengua catalana sea en primer lugar de la Generalitat y los partidos catalanistas, incapaces de asumir sus responsabilidades, que descargan sobre el Estado español, lo que sólo es verdad considerándolos a ellos como la expresión sustantiva de aquél en Cataluña. Ni el Estatut ni una (improbable) República Catalana pueden salvar al catalán. La solución está en una movilización popular en favor de la propia lengua y cultura, de tal modo que sea de nuevo patrimonio del pueblo y no bien expropiado a aquél por las instituciones.

Quienes tan bizarramente ondean banderas esteladas deberían dedicar un tiempo a reflexionar sobre el preocupante declive de la lengua de Cataluña. Y, después, a buscar remedios. Los “independentistas” funcionarios y neo-funcionarios jamás admitirán la solución verdadera, hacer del idioma patrimonio del pueblo, porque eso exige un nivel de movilización en la base que resultaría peligroso para ellos y sus sempiternos chalaneos con Madrid, así como para el capitalismo y para las estructuras del Estado. El sistema actual demanda la desmovilización popular por motivos variados, y en ese contexto el catalán no puede recuperarse. Únicamente una estrategia revolucionaria (dirigida a crear un gobierno por asambleas popular y una economía comunal autogestionada en Cataluña) que lo apueste todo a la acción consciente y responsable de la gente común en la calle desde ahora mismo, puede salvar a la lengua catalana.

Es irrealista esperar que los jefes del PDeCAT y ERC, que están vinculados al capitalismo financiero español de variadas maneras, y que en sí mismos son prósperos muñidores y gestores de todo tipo de negocios, enchufes, corruptelas y apaños, se enfrenten al Estado español. Quien lo crea así está siendo víctima de una alucinación. Ruego se lean las biografías de sus jerarcas, para comprobar que están metidos hasta las cejas en todo tipo de operaciones financieras y empresariales, además de recibir enormes cantidades de dinero de Madrid para que mantengan narcotizado y pasivo al pueblo catalán con sus soflamas falsamente catalanistas y nacionalistas. Su patria es el euro, el dinero, el bolsillo, no Cataluña. Particularmente funestos, por su codicia y falta de ética, son los jefes de ERC.

Retornemos al análisis objetivo, por tanto prudente y sereno, de las condiciones sociales y estructurales que contextualizan y condicionan a la lucha de liberación nacional de Cataluña en el presente, en el siglo XXI. El gran capitalismo “catalán”, es decir, español, es enemigo de la liberación nacional. Las categóricas declaraciones en contra de la independencia de Isidre Fainé, amo de La Caixa y número uno del capital financiero “catalán”, tienen su fundamento en un hecho determinante, la unificación, a través de numerosas fusiones y absorciones, del gran capitalismo catalán con el español en los últimos 30 años. Por tanto, si el capitalismo operante en Cataluña es español resulta de sentido común concluir que la liberación nacional tiene que ser revolucionaria, comunal y autogestionaria. O eso o nada.

Los cambios que han tenido lugar en el capitalismo en los últimos decenios hacen imposible un enfoque de la cuestión nacional conforme a nociones y estrategias pensadas para un tiempo pasado, cuando existió una burguesa catalana diferenciada, que podía proporcionar la base económica de una Cataluña independiente. En esas condiciones sí era hacedera una independencia sobre la base del capitalismo: hoy ya no. Si el capitalismo es uno no puede admitir que existan dos Estados, el español y el catalán. Hoy se necesita, por tanto, un enfoque y un programa revolucionario anticapitalista, es decir, autogestionario y comunal.

Está además el fenómeno de la mundialización, de la concentración creciente de la propiedad y la riqueza en un número reducido de super-grandes empresas/Estados, que exigen la uniformización de la vida planetaria, con una única lengua, un único estilo de vida, una única subcultura, etc. Las naciones pequeñas y las lenguas con relativamente pocos hablantes tienden a ser laminadas y trituradas por la mundialización. Por eso la cuestión catalana demanda una estrategia contra la mundialización, y no sólo contra el Estado español, lo que es una novedad, pues tal situación no existía hace unos pocos decenios. Incluso aunque por un milagro Cataluña accediera la independencia y se constituyera como Estado tendría que hacer frente a la presión mundializadora, es decir, desnacionalizadora y uniformista. El caso de Irlanda es significativo. Revela que el idioma catalán sería agredido por el Estado catalán igual que el gaélico, la lengua del pueblo irlandés, lo es por el Estado de Irlanda, que protege y prima el inglés legislativamente, lo que ha llevado al gaélico a su práctica extinción.

Eso en lo económico. En lo político, la UE, convertida en feudo de Alemania, no desea fragmentaciones internas, pues ahora se dispone a unificarse aún más, aprovechando el repliegue estratégico de EEUU para conseguir un mayor poder a escala planetaria en tanto que potencia imperialista. Por eso los mandamases de la Unión Europea nada quieren saber del “independentismo” catalán. Además, Francia presiona fieramente para que no se cuestione su dominio sobre el norte de Cataluña. Pero EEUU tampoco apoya el “procés”, pues eso la situaría enfrente de España, a la que necesita como infraestructura para sus bases militares, y como aliado. Las otras potencias, China y Rusia, están demasiado alejadas y no disponen de medios de intervención en Cataluña, ni pretenden hacerlo. En suma, la Generalitat está aislada en el plano internacional en su (tramposa) aventura “independentista”.

En el plano interior, los “independentistas” son mirados con prevención por las gentes más modestas de Cataluña, que les han visto llevar adelante una política antisocial y oligárquica desde 2008. Las clases trabajadores se mantienen alejadas, en su mayoría, de una operación política de la que desconfían, con razón. La brutal represión del 15-M no está olvidada y quienes más apoyan el “procés” son las clases medias catalanas, numerosas pero insuficientes, cuya vida es el consumo, asombrosamente aculturadas. Que en la parodia de referéndum de 2014 votaran sólo poco más de un tercio del censo electoral dice bastante acerca de la sociología real del país. En efecto; la verborrea nacionalista y el enajenado ondear de las esteladas no puede ocultar la caída del nivel de vida, los sueldos cada día más míseros, el declive de las infraestructuras, el deterioro de la sanidad, la falta de salidas para la juventud y, sobre todo, el enriquecimiento espectacular de la casta partitocrática “independentista”, por la corrupción y por la creación de un buen número de empleos vinculados a la “lucha” por la República Catalana burguesa…

En el otro sector del espectro político está el torvo españolismo de siempre, interesado en frustrar lo del 1-0 sin proporcionar soluciones a la opresión de Cataluña y la desintegración de su lengua. Lo más llamativo es el Manifiesto suscrito por varios miles de “intelectuales y artistas” progresistas y de izquierda, catalanes y españoles, avalando las medidas represivas del Estado español para impedir votar en tal fecha. Eso es el progresismo hoy, una máquina de picar carne que se sitúa al lado de todas las operaciones reaccionarias, de todas las causas podridas.

Pero no mejor es el nacionalismo partitocrático catalán. Con su actuar se ha hecho el mecanismo principal para impedir la maduración de la revolución popular comunal en Cataluña. Al mismo tiempo, al reducir el hecho nacional a la triste categoría de monotema, y al simplificar hasta lo inverosímil la cuestión, ha provocado un declive, bien visible, del pensamiento creativo y de la elaboración de ideas. Cataluña, bajo la tediosa y obsesiva dictadura “independentista”, se está convirtiendo en un erial reflexivo, en un desierto del pensamiento, en una nada de la creatividad. La otrora relativamente rica vida intelectual y cultural de Cataluña se ha esfumado, pasando a dominar un vociferar consignas ultra-simplificadas. Los seres nada, presentes en Cataluña como en todas partes, no logran pensar por sí mismos, y necesitan ser permanentemente aleccionados desde el poder/poderes constituidos.

Un tercer elemento negativo es el auge de un nacionalismo catalán sorprendentemente agresivo, xenófobo y chovinista, que insulta violentamente a “los españoles” y agrede a los catalanes que no aceptan sus ideas. Un nacionalismo lleno de aborrecimiento y cólera, que resulta del abuso por los jefes “independentistas” de la emocionalidad y la irracionalidad. En su virulencia, no comprenden que el futuro de Cataluña depende, en cierta medida, de la solidaridad de los demás pueblos europeos, en primer lugar del español, que en su gran mayoría no es nacionalista hoy (aunque existe también un sector xenófobo) y contempla con simpatía a los catalanes, incluso sí no logra entender lo que está sucediendo. Todos los nacionalismos fanáticos e intransigentes deben ser denostados, todos.

¿Cuál puede ser la línea de acción dirigida a superar el actual estado de cosas?

Reside en establecer una estrategia para la liberación nacional de Cataluña que tenga en cuenta la realidad del siglo XXI, que rompa con la vetusta interpretación “anticolonial” del derecho de Autodeterminación, que vincule argumentalmente liberación nacional con revolución política y social integral. Eso permitirá sacar a la lucha nacional del callejón sin salida en que languidece, que la está llevando a un descrédito creciente.

En efecto. A pesar de la propaganda y el adoctrinamiento incesantes, cada día son menos los que creen en el “independentismo” institucional, víctima de su propia vaciedad argumental, ausencia de contenidos, inanidad intelectual, arcaica concepción, emocionalismo manipulador y pueril simplicidad. Avanzamos hacia una ruptura entre aquél y las masas, que puede ser creativa o puede ser meramente de facto pero que va a darse, sobre todo cuando los hechos pongan de manifiesto que toda la operación es un engaño urdido por los políticos profesionales de la Generalitat, lo que comenzará a suceder en cuanto tenga lugar el 1-0. En tales condiciones, la elaboración de un proyecto y una estrategia para la liberación nacional de Cataluña sería una medida de notable significación. En 2014 tuvo lugar el primer referéndum farsa, y en 2017 el segundo, ¿habrá oportunidades para un tercera o la población de Cataluña se cansará de que se mofen de ella?

La solución es popular y no institucional. Revolucionaria y no capitalista. De autogobierno y no estatal. Y la Autodeterminación tiene que sustentarse en el logro previo de la soberanía popular y nacional, pues no es una votación bajo el actual orden capitalista-estatal.

La cuestión catalana necesita ser reformulada en su totalidad, en su análisis básico, proyecto, programa y estrategia. Y eso se puede hacer en un par de años. Luego, la acción emancipadora alcanzará niveles elevados, eficaces, realmente transformadores.

Algo se ha avanzado ya en esa dirección. La “Plataforma pel NO-Si”, surgida como respuesta al 9-N de 2014, arguyó que debía decirse No a un Estado catalán y Sí a la independencia, concebida como “independència sense Estat”, o realización auténtica de la soberanía popular y articulación de un régimen de autogobierno sin artefacto estatal. Su “Manifest pel No-Si” merece leerse y meditarse. Posiciones similares están sosteniendo la Assemblea Llibertària del Bages y, personalmente, Gerard Batalla, Octavi Piulats, Antonio Turiel, Blai Dalmau, Pere Ardevol y otros.

De mucha significación es el libro de David Algarra Bascón “El comú català. La història dels que no surten a la història”. Primero porque muestra lo muchísimo que han ocultado y falseado de la historia de Cataluña la burguesía nacional y el “independentismo” partitocrático, que aparecen por ello como lo que son, los agentes de Madrid en Barcelona entregados a aculturar Cataluña, que es una de las formas más severas de dañarla. Segundo, porque aporta las claves políticas, económicas, éticas, convivenciales y axiológicas para una recuperación histórica del pueblo catalán. Éste, a fin de hacer frente a la mundialización, necesita afirmarse en sí mismo y llegar a ser lo que es, para desde su esencia concreta recuperada, responder a los retos del siglo XXI. Afirmarse en su condición, manifestada en sus realizaciones históricas, es el fundamento último de la liberación nacional. Y el texto de Algarra ofrece todo eso.

Por tanto, podemos contemplar el futuro inmediato con optimismo y confianza.  Cataluña sólo se liberará con la revolución popular-comunal integral, que avanzará en cuanto las argucias y marrullerías de los políticos de la Generalitat al servicio de España se desacrediten por su propia perfidia e inanidad.




martes, 12 de septiembre de 2017

MUJERES CONTRA MUJERES EL OCASO DEL SEXISMO

        Quienes consideramos con particular simpatía la lucha del pueblo mapuche (comunidad humana singular que se sirve de la lengua mapudungun, existente desde mucho antes de que los europeos arribasen a América), oprimido sangrientamente por los Estados de Chile y Argentina, seguimos con desasosiego la “desaparición” en el pasado mes de agosto de Santiago Maldonado, en el marco de un operativo de la policía argentina contra Resistencia Ancestral Mapuche, en pie para rechazar el encarcelamiento de Facundo J. Huala, un respetado dirigente de ese pueblo.

         Huala ha declarado que los mapuches se movilizan para que el aparato de poder argentino no les mate “como ratas”, culpando de la actual situación, también de la no-aparición de Maldonado, a la ministra de Seguridad del gobierno de Mauricio Macri, Patricia Bullrich. Ella es quien está promoviendo una campaña de desinformación, difamación, amenazas y represión contra los mapuches, particularmente virulenta e inmoral, que amplía a quienes les dan respaldo. Ella y las féminas que forman parte de su equipo, las cuales en nada se diferencian de sus colegas varones en su furor racista y exterminacionista contra un pueblo que padeció, desde el siglo XVII, el colonialismo español, y luego la inquina facinerosa de los Estados que surgieron de la independencia, realizada conforme al patibulario proyecto político continental de Simón Bolívar. Porque el bolivarianismo es racismo, es aniquilación de los pueblos indígenas, entre otras muchas injusticias sociales e individuales.

         Los mapuches en Argentina son unos 210.000, de los cuales algo más de la mitad son féminas. Éstas, que manifiestan una impar combatividad en la defensa del derecho de su pueblo a ser y existir, son víctimas favoritas del terrorismo policial. Por tanto, en última instancia resultan agredidas regularmente por mujeres, la citada Patricia Bullrich y su equipo ministerial y policial, en el que hay una cierta porción de féminas. Llama la atención que la anterior presidenta del país, Cristina Fernández, exponga ahora que “se solidariza” con los mapuches y que “exige” la reaparición de Maldonado, ella que ha sido durante años bravucona acosadora de aquel pueblo indígena. Engañar y hacer demagogia está mal, también si lo hacen mujeres.

         Entre una y otra lo cierto es que han ido acumulando presas y presos políticos mapuches en las cárceles de Argentina. O sea: mujeres contra mujeres. Mujeres con poder contra mujeres sin poder. Conozco algo a las mapuches, que son magníficas, lo que me permite concluir que la actividad de la ministra Bullrich y su equipo debe calificarse de feminicidio.

         Se puede argüir que eso sucede porque el gobierno argentino es de derechas. Miremos, para aclarar esto, hacia Chile, donde los mapuches son 1.500.000. Allí el gobierno de la izquierda presidido por una fémina, Michelle Bachelet, que tiene a diversas mujeres en carteras ministeriales, ha ido promulgado desde 2014, año en que accedió a tan alta magistratura, leyes y normas de diversa naturaleza, perjudiciales y agresivas contra el pueblo mapuche. Las 780.000, aproximadamente, mujeres mapuches que viven en Chile han padecido el odio racista de las féminas de izquierda participantes en el gobierno de ese país.

De nuevo estamos ente un conflicto que enfrenta a mujeres contra mujeres. Féminas del Estado y el gobierno contra féminas del pueblo. Y no sólo eso pues, retornando al caso argentino, la señora Bullrich es, con seguridad, la responsable del secuestro y asesinato por la policía de un varón, el citado Santiago Maldonado, y de muchos otros, mapuches, que regularmente son matados impunemente por las fuerzas represivas, o en el mejor de los casos encarcelados, como Huala. Así pues, puede hablarse de una violencia de máximo nivel ejercida por mujeres contra varones.

         Hay muchísimos más casos. La jefa de facto de Birmania y Premio Nobel de la Paz (?), Aung San Suu Kyi, apoya y justifica el genocidio que el Estado birmano y el clero budista de dicho país están efectuando contra la minoría rohingya, de religión musulmana. Según algunos analistas es ella el cerebro de esa aterradora operación de exterminio, que hace que decenas de miles de hombres, mujeres y niños encuentra la muerte en condiciones atroces, a menudo después de maltratos y torturas escalofriantes. En este caso no se cumple el veredicto sexista de que lo masculino es, por naturaleza, violencia y lo femenino, por sí mismo, amor…

         Tampoco resulta aplicable a otro caso particular, que siete países europeos tengan, en el presente, a mujeres presidiendo el ministerio de Defensa: Italia, Alemania, Eslovenia, Albania, Noruega, Holanda y España. El máximo cargo estatal para la militarización de la vida social lo ejercen, por tanto, féminas. Son ellas las que están desarrollando la nueva política belicista de la Unión Europea, dirigida a elevar el gasto militar explicitó hasta el 2% del PIB, para relanzar en todo el mundo el neocolonialismo occidental. Así pues, la lucha antimilitarista en Europa ha de dirigirse, en lo referente a la denuncia de las personas involucradas, contra mujeres. El sexismo institucional presente a esas siete féminas como un ejemplo a celebrar de “poder femenino” pero lo cierto es que se trata de militarismo vulgar y corriente, aplicado por mujeres dotadas de un poder colosal, ellas y sus numerosas colaboradoras, expertas, generalas, etc.

         No hay que olvidar que los pueblos europeos están sometidos al dictado de una mujer maquiavélica, inmoral y totalitaria, Ángela Merkel. Allí donde Hitler fracasó ella está triunfando, siendo tan racista, militarista, estatolátrica y devota del capitalismo como el jefe nacional-socialista aunque de otra forma. Europa es hoy feudo de Alemania gracias a su depravado obrar.

         Lo cierto es que cada vez hay más mujeres agresivas y violentas. Mujeres que golpean y matan a otras mujeres. Que asesinan a hombres. Que se sirven de la inicua Ley de Violencia de Género para presentar denuncias falsa, mandando a sus parejas a la cárcel y quedándose con los bienes comunes. Que satisfacen sus impulsos sádicos atormentando a ancianas y niñas, a ancianos y niños. Que siendo policías han de responder de acusaciones de malos tratos y torturas, cientos de casos cada año en la UE. Que se incorporan a los ejércitos y cuerpos policiales, en los que ocupan rangos y empleos cada vez más elevados, participando como mandos y tropas en todas las guerras hoy activas, donde sus comportamientos no son ni compasivos ni afectuosos. Hoy el ejército imperial por excelencia, el de EEUU, que es la fuerza número uno en la defensa y expansión planetaria del capitalismo, depende en buena medida de las mujeres, en particular de las de etnia negra, que se están enrolando en masa. La responsabilidad de Hillary Clinton en la ideación, planificación y constitución del Estado Islámico es incuestionable, de donde ha resultado la más terrible máquina para esclavizar, mercantilizar, torturar y ultimar a mujeres del último siglo. De nuevo, mujeres contra mujeres, aunque en este caso sea con varones matones e ignominiosos interpuestos, los cuales en lo más decisivos son un instrumento de la señora Clinton y sus socias/socios…

         Mirando un poco más hacia lo más próximo nos encontramos con que son varios los grupos de extrema derecha en Europa que tienen a féminas como caudillas y jerarcas, en algunos casos dando órdenes a dóciles varones atiborrados de tatuajes fascistas. En los partidos de derechas hay un gran plantel de mujeres, las cuales en general tiene más nivel intelectual y más capacidad de acción independiente que en los de la izquierda, lo que se explica porque en los primeros los prejuicios paternalistas y neo-patriarcales son menos intensos y por ello menos feminicidas. Cada vez más se dan en la vida política enfrentamientos de mujeres contra mujeres, que en ocasiones son notablemente virulentos, con insultos groseros, violencia verbal y amenazas mutuas. Se tiene la sensación que el número de las mujeres profesionales de la política y la administración estatal encausadas por corrupción es, proporcionalmente, mayor que el de los varones.

La derecha española prepara a una de las suyas, Soraya Sáenz de Santamaría, para ser la primera mujer presidenta del gobierno español. Con ello continúa la línea seguida hasta ahora por aquélla, que ha logrado que mujeres de la derecha hayan ido ocupando cargos políticos claves con naturaleza inaugural: la primera presidenta del parlamento, la primera secretaria general de un partido con millones de votos, la primera alcaldesa de Madrid, la primera secretaria general del CNI (Centro Nacional de Inteligencia), etc., etc., etc. Dicho de otro modo, las mujeres, algunas de ellas, sirven excelentemente al Estado, son magníficas como dominadoras y opresoras, de ahí que asciendan en tan gran número a puestos y cargos decisivos. Es seguro que en pocos años éstos estarán ocupados mayoritariamente por mujeres. Que el 55% de los estudiantes universitarios sean féminas contiene en sí tal desenlace.

         El número y proporción de mujeres empresarias, capitalistas, burguesas, explotadoras, aumenta año tras año, considerando que dos de cada tres personas que emprende negocios en el presente son féminas. No llegan, todavía, al 50% pero se aproxima con rapidez. Esto está refutado el chovinismo sexista de un modo irrebatible, pues cada vez más féminas (quizá millones ya) han de padecer penosas condiciones laborales impuestas por otras mujeres, sus encargadas, acaudaladas y dueñas. En las empresas la pelea diaria entre féminas se hace más intensa, mujeres jefas contra mujeres asalariadas, y viceversa.

         Un aspecto de la lucha de clases en la compañía capitalista feminicida merece la pena resaltar. Es la persecución que las jefas y altos cargos femeninos someten a las mujeres que son madres y, sobre todo, a las que desean serlo. Una parte quizá mayoritaria de las féminas que se suicidan cada año lo hacen porque no pueden satisfacer su anhelo, que es también biológico e incluso reptiliano, de ser madres, por la represión del deseo materno y demonización de la sexualidad reproductiva que lleva a efecto la gran empresa, por si y a través de las numerosas jaurías mediáticas y callejeras que financia, bellaca actividad para la que se sirven cada día más de mujeres. De nuevo mujeres contra mujeres.

         Lo cierto es que la lucha de clases está prevaleciendo sobre la lucha de los sexos. No debe entenderse aquélla como única y principalmente pugna económica sino como el conflicto universal entre los sujetos que tienen poder y los que no, entre los dominadores y los dominados, los mandantes y los mandados, los libres y los sometidos. En esa decisiva confrontación las mujeres están en uno y otro bando, como es lógico. Mujeres que forman parte del clan de los expoliados y otras, muchas menos, que son un componente de los expoliadores. Féminas que ejercen la tiranía sobre los pueblos y mujeres que, al formar parte de esos pueblos, soportan el severo yugo de las mujeres (y varones)  dominadores.

         Durante decenios se ha sostenido desde las instituciones del Estado que los hombres son un compendio repulsivo de maldades y las mujeres una síntesis inmaculada de bondades. Ello ha sido elaborado por personalidades averiadas, como Simone de Beauvoir[1], hace ya mucho tiempo. Es verdad que el viejo patriarcado, al confinar a la mujer en el ámbito de lo privado, hacía posible que, en tanto que mera ilusión óptica, los varones aparecieran como responsables de todo el mal del mundo y las féminas como sus víctimas. Pero la desarticulación de ese tipo de patriarcado, que se viene haciendo desde los años 60 del siglo XX en Occidente, ha empujado a las féminas a un número cada año mayor de puestos y empleos de responsabilidad, poder, dominio y mando, de manera que su pretendida esencia diáfana e intachable se ha ido manchando y contaminando.

         En el libro “Feminicidio, o autoconstrucción de la mujer”, del que soy coautor, se anuncia que el sexismo femenino, alentada desde el poder constituido, tiene los días contados, debido a los cambios sociológicos que están teniendo lugar en la base de la sociedad, con la masiva incorporación de mujeres a la vida extra-doméstica. Ello convierte a una minoría de éstas en activas integrantes de la dictadura y el poder/poderes constituido, y a la gran mayoría en víctimas, en oprimidas por otras mujeres, las con poder, además de los hombres que comparten con aquéllas los privilegios clasistas.

         De esa manera, la retórica sexista hostil al varón pierde su supuesta base objetiva y, con ello, su aparente realismo. Pero más aún la pierde las invocaciones a “las mujeres”, que presenta a éstas como un colectivo singular y homogéneo, pretendidamente situado al margen de las estructuras políticas de dominadores/dominados y más allá de la lucha de clases, existiendo en un limbo ilusorio. El libro citado se editó en 2012 y en los cinco años que han transcurrido lo que en él se comunica a partir del análisis del fenómeno patriarcal se está cumpliendo. En muy pocos años más el proceso se habrá realizado en su totalidad.         

         Eso está trasladando la lucha de clases al interior de la comunidad mujeril, cada vez más dividida, polarizada y enfrentada. El antagonismo entre mujeres opresoras y mujeres oprimidas llegará a ser decisivo en poquísimos años, arrumbando lo poco que todavía tiene consistencia del avieso discurso sexista. Cada vez más las mujeres (y los hombres) de las clases modestas se están percibiendo como víctimas del obrar despótico de las mujeres (y los varones) con poder.

         El aspecto más interesante de ello es que libera la mente de las mujeres de las clases populares de los prejuicios sexistas y las une, por necesidad, con los varones de su misma condición, para resistir a los viejos y nuevos opresores, a las viejas y nuevas mandamases. Eso es muy bueno para el proyecto y programa de la revolución. Permitirá, al mismo tiempo, el florecimiento de relaciones renovadas y mejoradas de afecto, cariño, respeto, amor y erotismo entre mujeres y hombres. Quienes han sido artificiosa y maquiavélicamente enfrentados en los pasados decenios tienen ahora ante sí la posibilidad de reencontrase y reconciliarse. Eso será una colosal mejora, un renacer de la vida colectiva e individual en una sociedad, como la nuestra, envilecida por la soledad y el desamor


[1] Interesante es el escrito de Lucian Valsan, “Simone de Beauvoir: nazi, pedófila y misógina”, aunque nada hay en él que no se conociera desde hace mucho, en particular su desquiciada misoginia, su odio oceánico a lo femenino, como queda expuesto críticamente en mi libro, antes citado. Y lo mismo puede sostenerse de su adhesión al nazismo en los años de la ocupación de Francia por Hitler, posteriormente negada por ella con la mayor desvergüenza. Por eso en su ideología y grey se unifican lo misógino, convenientemente reelaborado, y lo nazi.

jueves, 24 de agosto de 2017

RACISMO BLANCO Y RACISMO NEGRO. Apuntes para una historia no autorizada del imperialismo EEUU


         Los enfrentamientos acaecidos este estío entre racistas blancos y racistas negros en EEUU (éstos últimos respaldados por multiculturalistas y progresistas blancos, además de por todo el poder mediático norteamericano), con motivo de la opuesta valoración de unos y otros sobre la Guerra de Secesión de EEUU (1861-1865), invita a realizar un análisis objetivo de la historia de ese país, hoy la potencia imperial todavía dominante a escala planetaria. A la vez, favorece la condena argumentada de todas las expresiones de racismo, se manifieste como racismo de los blancos o racismo de los negros. El racismo es siempre desigualdad, explotación, capitalismo, por eso el proyecto y programa revolucionario ha de sublevarse contra él en todas sus manifestaciones, y no sólo en algunas.

Tan intolerable es el racismo blanco representado por neonazis, supremacistas blancos y lo que sobrevive de esa horridez criminal conocida como KKK (Ku Klux Klan), como el racismo negro, heredero del Partido Panteras Negras (uno de los grupos más substancialmente supremacistas del siglo XX a escala planetaria), Malcolm X y sus manifestaciones actuales, todas ellas favorecedoras del capitalismo, el militarismo USA y el imperialismo yanki, por tanto anti-revolucionarias. El racismo negro es hoy más útil y valioso para la máquina de guerra del Pentágono que el blanco, de ahí que ésa, y con ella todo el gran capitalismo globalizador de USA, lo protejan, premien y promuevan. Esto explica la toma de partido de todo el aparato mediático en contra del racismo de los blancos y a favor del racismo de los negros.

         Revelar por qué y cómo se ha creado esta situación, así como su significación política actual y su evolución más probable, es aportar una herramienta analítica de importancia para promover el avance de la revolución popular, comunal e integral planetaria. Porque una cosa es la versión progresista, burguesa, de la historia de EEUU, que es la que se impone desde la escuela y los medios de comunicación, y otra la verdad de lo que sucedió.

El fundamento del progresismo es la mentira y la manipulación de las mentes, en EEUU tanto como en el Estado español. Aquí su ejecutoria a partir de la Constitución de Cádiz, 1812, fue un genocidio secular, que arrasó con el comunal, eliminó las formas asamblearias de autogobierno municipal, infringió daños gravísimos al medio ambiente (que dos siglos después están convirtiendo la península ibérica en un cuasi-desierto), estableció una forma jurídicamente obligatoria de patriarcado, destruyó los sistemas de autogobierno parcial de Euskal Herria, Galiza, etc. (los de Cataluña ya las había extinguido el antecedente inmediato del liberalismo español, la monarquía centralista, en 1714), sometió a un adoctrinamiento permanente a la infancia con la escuela estatal obligatoria, concentró todo el poder y toda la riqueza en Madrid, estatuyó un régimen centralista español que saqueaba al campo para abastecer las ciudades a través de un sistema tributario confiscatorio que condenaba a la rural gente a la pobreza e incluso al hambre, estableció el servicio militar obligatoria para hacer operativo el colonialismo español, fomentó la acumulación y concentración de la propiedad (en particular, con las diversas leyes de desamortización civil, que arrebataron a punta de bayoneta a los pueblos sus tierras y otros muchos bienes comunales) dando con ello un impulso decisivo al desenvolvimiento del capitalismo, elevó al clero católico al privilegiado estatuto de cuerpo de funcionarios del Estado que se apropiaba de una parte conspicua del presupuesto estatal y convirtió al individuo en un rehén y una propiedad del Estado, reduciéndole a la condición de ser nada. La represión continuada y violentísima de quienes se resistían al liberalismo, en particular las gentes del agro de la mitad norte de Iberia, convirtió a nuestro siglo XIX en un baño de sangre continuado.



miércoles, 9 de agosto de 2017

HACIA UN DEBATE PÚBLICO SOBRE LA EMIGRACIÓN


         La emigración es ya uno de los problemas que más preocupan a la opinión pública europea. Ésta está dando un giro, dejando a un lado los mendaces argumentos paternalistas y caritativos, buenistas, sentimentales y asistenciales con que los poderes constituidos tratan mediáticamente tan decisiva materia, para atenerse a un enfoque cada vez más riguroso y objetivo de los hechos, lo que lleva a un número creciente de personas a considerar con espíritu crítico el hecho migratorio masivo.

         Nos aproximamos a un momento de ruptura, en el cual una parte progresiva de las gentes de Europa se posicionará en contra de la emigración de masas, enfatizando el daño que hace no sólo a las clases modestas del Viejo Continente, del Norte, sino también a los países “en vías de desarrollo”, del Sur, que están siendo devastados y saqueados a placer por los ricos de los países ricos por medio del torrente sin fin de la emigración.

         Cada vez se comprende mejor que ésta es una decisiva estrategia del capitalismo globalizador para golpear y desvalijar, aculturar y devastar a las clases modestas de los países ricos y de los países pobres al mismo tiempo. En él hay un ganador doble, el gran capital de los territorios receptores y emisores de emigrantes, y un perdedor asimismo doble, las gentes trabajadoras de ambos tipos de países.

         Ese debate, que ya está empezando a tener lugar, es invariablemente contestado desde las instituciones y sus agentes con calumnias, injurias, amenazas, agresiones y exclusiones. Dado que la emigración es absolutamente vital para la patronal de la era global, pues dinamiza al capitalismo y le proporciona mano de obra barata, y para el Estado/Estados, debido a que los emigrantes contribuyen a llenar las arcas del Estado acrecentando los ingresos tributarios, hoy no es posible expresarse con libertad sobre este asunto. Así pues, falta absolutamente la libertad de expresión, también porque las fuerzas institucionales son incapaces de aportar argumentos, lo que les obliga a valerse de una estrategia del temor y el linchamiento, que aplican brutalmente a quien difiera, por poco que sea, de la versión oficial.

         El debate, por tanto, ha de hacerse fuera de las instituciones, y en la semi-clandestinidad.

         Al mismo tiempo, para imposibilitar que las gentes modestas de Europa despierten a la verdad sobre esta materia, los poderes constituidos invierten una enorme cantidad de dinero en propaganda, financiando a un sinnúmero de instituciones, fundaciones, colectivos, personalidades e intelectuales, a los que encargan la defensa de la versión oficial, hecha de ocultaciones clamorosas, medias verdades, sofismas cuidadosamente urdidos, explotación descarada de los buenos sentimientos de las gentes, chantaje emocional y mentiras descomunales.

         Ante ello nuestra meta ha de ser proporcionar datos, estudios y análisis serenos, equilibrados y objetivos sobre el hecho migratorio, señalando las manipulaciones de que se sirve la gran patronal y sus compadres del ente estatal para tener mano de obra abundante y gratuita, que es robada, literalmente, a los países pobres. A éstos el neocolonialismo europeo, además de saquearles sus recursos naturales, ahora les estás expropiando lo más valioso, su población.

         Es tantísimo lo que está en juego que los apologetas de la emigración no se detienen ante nada. Pretenden que el conflicto principal se da entre autóctonos y emigrantes, cuando no es así, pues en todo ello hay unos ganadores, los ricos, las clases medias y la aristocracia obrera, y unos perdedores, los trabajadores, parados, jóvenes y mujeres de menores ingresos y recursos, sean indígenas o emigrantes. Para sostener esta ficción, han de tapar que los inmigrantes con arraigo, los que llevan en Europa diez años o más, están en contra de la emigración actual con más motivos que nadie, debido a que ellos son los perdedores netos. Por ejemplo, si el salario real del emigrante medio ya afincado aquí está ahora en los 3-4 euros la hora, la llegada de, pongamos por caso, un millón de nuevos emigrantes (que es el número de personas robadas a Siria por Alemania con la mayor desvergüenza), significaría que los salarios de aquéllos se quedarían en los 2-3 euros, lo que conforma una situación de precariedad preocupante.

         Por eso los defensores de la emigración, que se erigen en portavoces y bienhechores de los emigrantes sin que éstos les haya autorizado a ello, tienen que valerse de la intimidación y el miedo como elementos concluyentes para lograr el asentimiento de las gentes a la política institucional de abastecimiento al gran capitalismo europeo de mano de obra criada en otros países, con lo que para él resulta ser gratuita, de coste cero. En ese uso matonil del temor y la amenaza coinciden todas las fuerzas política, todas las ideologías, todos los aparatos clericales y todos los poderes institucionales.

         La situación está alcanzando un punto crítico, en el cual ya no sirve, como hasta ahora, el efecto embrutecedor y paralizante de las mentiras y, sobre todo, del hostigamiento y la intimidación a quienes se atreves a exponer la verdad, que a veces son inmigrantes a los que sin contemplaciones se tapa la boca. Por ejemplo, cuando algunos marroquíes beneméritos arguyen que su país se está quedando sin juventud porque toda ella se viene a Europa, y que eso es una catástrofe demográfica, económica y cultural (es, en realidad, un genocidio perpetrado con palabritas melifluas y discursos buenistas), además de política, se les agrede verbal y mediáticamente y se les trata como unos indeseables, sin que hagan nada en su ayuda, más bien al contrario, los profesiones multi-subsidiados de “la lucha contra el racismo y la xenofobia”.

         La meta ha de ser aportar conocimiento y luz sobre la totalidad del fenómeno migratorio. Hay que proporcionar análisis ponderados y objetivos a fuer de serenos y bien documentados para que cada persona pueda formarse su propia opinión sobre esta determinante materia con razonable libertad, lo que ahora no existe. Hay que oponer a la propaganda  institucional pro-emigración la verdad sobre la emigración como el gran negocio del capitalismo senil y vandálico europeo, neocolonialista, del siglo XXI.

         Es necesario investigar su fundamento económico y los efectos, tan dispares, que origina en los ricos y en los pobres de los países ricos. También es preciso analizar lo que está sucediendo en los países pobres exportadores de mano de obra, convertidos en granjas de crianza de seres humanos que, alcanzada la edad de ser productivos, son llevados a Europa. En estos países hay unos ganadores con la emigración, sus oligarquías, casta clerical y Estados, y unos perdedores, las pobres gentes forzadas a convertirse en ganado de labor con rostro humano.

Eso no niega la responsabilidad moral y política de los emigrantes, de cada uno de ellos persona a persona, cuyo deber cívico es permanecer en su país para allí promover cambios revolucionarios que realicen el derecho a vivir en donde se ha nacido (que es uno de los derechos naturales de todo ser humano) en vez de venir a Europa a integrarse en la sociedad de consumo, fortaleciendo el neocolonialismo europeo con su trabajo y estancia. No hay paternalismo posible ya, y cada parte debe asumir sus responsabilidades. Porque el paternalismo es una de las peores expresiones de racismo.

         Quienes creen que la emigración es algo así como una actividad “anticapitalista” deberían leer los textos de, entre otros, Alberto Recarte, un economista de cierto prestigio impúdicamente valedor del capitalismo. En ellos Recarte explica que la emigración es una bendición inmensa para la patronal y el poder financiero español, más aún, que es el fundamento mismo de su crecimiento en los últimos decenios.
        
         Hay que estudiar experiencias históricas de captura forzada, semi-forzada o manipulativamente “libre” de mano de obra, conversión de los seres humanos en ganado laboral y emigración. Por ejemplo, en Roma, en donde el aprisionamiento de nuevos esclavos era la meta número uno de las guerras incesantes que llevó adelante la república romana y luego el Principado, su sucesor. Hay que explorar al tráfico trasatlántico de esclavos negros, de África a América en la edad moderna, que ahora se repite con Europa como destino. Y, sobre todo, conviene examinar la política migratoria de los nazis en el poder, que llenaron Alemania de emigrantes, igual que está haciendo esa mujer perversa y enloquecida que es Ángela Merkel, sucesora y continuadora en todo lo importante de Hitler.

Alemania es hoy, igual que lo fue con los nazis, el enemigo número uno de Europa. En España la derecha y la izquierda, la extrema derecha y la extrema izquierda, todos, siguen a Merkel, repiten sus consignas y realiza su política. Frente a ello se ha de alzar el programa de la revolución popular integral para la emigración. La gente que hoy en Alemania aplaude el expolio de la población de Siria es la misma que en 1933 votó a Hitler, el mismo tipo de alemanes depravados que luego, en 1943-45, estando la guerra ya perdida, estuvieron hasta al finar con el Führer, matando y haciéndose matar sin sentido. Ahora es una Führer quien lleva a adelante todo ello, porque en el presente una buena parte de las maldades y genocidios realizados desde el poder han de ser dirigidos por mujeres, pues ese el signo de los tiempos…

         De notable importancia será el estudio de la política migratoria del franquismo, que trato en mi libro “Naturaleza, ruralidad y civilización”. El fascismo español se sirve a lo grande de la emigración, sobre todo en dos de sus variantes. Una es el saqueo de la población rural, convertida en mano de obra para la industria y las ciudades, lo que lleva a la aniquilación de la sociedad rural popular tradicional y su admirable cultura milenaria, lo que tiene lugar en 1955-1970. Otro, el forzamiento de la emigración hacia Europa, lo que convirtió las remesas de los emigrantes, la gran masa monetaria en divisas que enviaban a España, en probablemente el fundamental factor económico que dio estabilidad y continuidad al régimen de Franco. Sin esas dos operaciones migratorias el fascismo español no habría podido mantenerse los cuarenta años célebres, luctuoso suceso que es un caso concreto ente cientos que muestra que cualquier hecho migratorio es pieza esencial de las estrategias de la reacción y las tiranías.

         El problema no termina ahí. Se debe estudiar la emigración a Europa como una forma de limpieza étnica y sustitución racial, dirigida a convertir a los pueblos indígenas europeos en una nueva versión de los pueblos indígenas de América, en minorías oprimidas, marginadas, alcoholizadas, entregadas a las drogas, enfermas del cuerpo y del espíritu, que no se reproducen y en fase de extinción. Todos los pueblos tienen derecho a la continuidad como etnias pero ahora ese derecho está siendo conculcado a lo grande en Europa, donde existen numerosos barrios, ciudades y poblaciones en el que el proceso de sustitución étnica y limpieza racial ya se ha realizado. En sólo una generación, si no hay revolución, los pueblos europeos serán minorías en sus propios países, minorías perseguidas y condenadas a la desaparición. El furor del racismo antiblanco, que es hoy la forma principal que adopta el racismo institucional, es decir, estatal y empresarial, en Europa, así lo indica. Frente a tales horrores la revolución anticapitalista popular es el único remedio efectivo.

         En todo este torbellino de perfidia y demencia los aparatos mediáticos del poder constituido nos echan encima una y otra vez a los niños y niñas pijos, a las hijas y los hijos de papá, que con, su conocida arrogancia clasista y odio por lo popular, denuncian sin descanso lo muy “racistas”, “xenófobas” e “islamófobas” que son las clases asalariadas, por resistirse a la estrategia de limpieza étnica y sustitución racial diseñada por la gran patronal. Estos sujetos se están haciendo ricos con tal ejecutoria, y es imposible ponerse delante del televisor o abrir un periódico sin que aparezcan allí, agresivos, demagógicos, insultantes, amenazantes. No puede ser de otro modo, son los nuevos “soldados de la fe” inquisitoriales del capitalismo globalizado… aunque lo cierto es que están perdiendo la partida y es posible que tenga un fin triste y ominoso a medio plazo.

         Tenemos que considera el futuro con optimismo. La perfidia del gran capitalismo europeo, cuando se ha hecho agente de un genocidio étnico y cultural contra los pueblos europeos, brinda a éstos una buena oportunidad para desprenderse de él por derrocamiento revolucionario, para convertirlo en una realidad del pasado. Eso es la revolución. El tándem gran capital/Estado, que es el meollo de la Unión Europea, puede naufragar si los pueblos europeos se alzan para persistir en su ser, para evitar el exterminio, para reproducirse y tener hijos, para liquidar los poderes estatales/empresariales que nos aniquilan

         Muchas más cuestiones hay que ir analizando y trasladando a la opinión pública. El conjunto formará un corpus argumental con el que mover en la calle a los pueblos contra el hecho migratorio y quienes lo realizan y defienden, por la revolución popular, por una sociedad comunal autogobernada y autogestionada.

         Para ello hace falta inteligencia, cómo no, pero sobre todo valentía, Quien se atreva debe saber que va a ser linchado por los poderes establecidos y perseguido por sus partidas callejeras de la porra, lo que alguien ha denominado “ejército del terror” del capitalismo globalizador. La valentía y el coraje son, en este asunto, el componente esencia de la metodología necesaria.

         Este debate lo perderá el poder constituido y lo ganará el pueblo. En los hechos así está siendo ya.